
Cristiano Ronaldo ya no compite solamente contra defensas, arqueros o rivales de grupo. A esta altura, compite contra el archivo. Y cada tanto, como volvió a pasar ante Uzbekistán, lo obliga a corregirse.
Portugal goleó 5 a 0 por el Grupo K del Mundial 2026, despejó las dudas que habían quedado tras el empate del debut ante República Democrática del Congo, y Cristiano volvió a ocupar el centro de la escena. No por presencia, no por marketing, no por lo que fue. Por goles. Que en definitiva sigue siendo la forma más directa que encontró durante toda su carrera para discutir cualquier cosa.
A los 6 minutos abrió el partido, empujando un centro bajo de Joao Cancelo. Fue el 1 a 0 de Portugal, pero también fue algo mucho más grande: con ese gol, Ronaldo se convirtió en el primer jugador de la historia en convertir en seis Copas del Mundo diferentes.
Alemania 2006, Sudáfrica 2010, Brasil 2014, Rusia 2018, Qatar 2022 y ahora Estados Unidos, México y Canadá 2026. Seis Mundiales. Veinte años de distancia entre el primer grito y el último. Otro fútbol, otros compañeros, otros entrenadores, otros cuerpos y otras velocidades. Pero el mismo número 7 encontrando la manera de aparecer.
El dato impresiona porque no habla solo de gol. Habla de permanencia. De una carrera sostenida en la élite durante dos décadas. De haber llegado siendo una promesa explosiva y seguir vigente cuando la mayoría de los futbolistas de su generación ya mira el juego desde afuera.
Cristiano no se quedó ahí. Antes del descanso volvió a marcar, esta vez para poner el 3 a 0 y empezar a transformar el partido en goleada. Con ese doblete llegó a 10 goles mundialistas y dejó atrás a Eusebio como el máximo goleador portugués en la historia de la Copa del Mundo.
El recorrido de sus goles también cuenta una historia. Le marcó a Irán en 2006, a Corea del Norte en 2010, a Ghana en 2014, a España y Marruecos en 2018, otra vez a Ghana en 2022 y ahora a Uzbekistán en 2026. No fue siempre el mismo Cristiano. Cambió el jugador, cambió la forma, cambió el físico. Pero no cambió el final: la pelota entrando y Portugal celebrando.
Lo suyo ya no necesita demasiada explicación. Cristiano puede tener partidos discretos, puede quedar bajo la lupa, puede generar discusiones sobre su lugar en el equipo. Pero cuando aparece en el área, todavía tiene algo que no se compra ni se inventa: la costumbre de hacer historia.
Portugal ganó, goleó y se acomodó en el grupo. Pero la tarde quedó guardada por otro motivo. Porque en un Mundial en el que varias leyendas siguen escribiendo sus últimas páginas, Cristiano Ronaldo encontró una marca que nadie había alcanzado.
Seis Mundiales con gol. Una línea que desde ahora empieza con su nombre.
