
Alemania sufrió bastante más de lo esperado, pero terminó sacando adelante un partido durísimo ante Costa de Marfil, al que venció 2 a 1 por la segunda fecha del Grupo E del Mundial 2026. Fue una victoria con sello alemán: paciencia, banco de suplentes, insistencia y golpe final cuando el rival ya empezaba a acariciar un resultado enorme.
Costa de Marfil hizo un partido serio, incómodo y valiente. No salió a mirar cómo jugaba Alemania, sino a discutirle el partido con potencia, velocidad y personalidad. Y encontró premio en el primer tiempo, cuando Franck Kessié apareció en el área para poner el 1-0, después de una buena acción de Yan Diomandé por izquierda. El gol cayó como advertencia: los marfileños no estaban allí para acompañar la fiesta alemana.
Alemania, que venía de golear 7-1 a Curazao en el debut, esta vez se encontró con un rival de otro peso. Tuvo la pelota, buscó por adentro, intentó acelerar con Musiala, Wirtz y Sané, pero durante un buen rato chocó contra un equipo africano bien plantado, fuerte en los duelos y peligroso cada vez que logró salir en velocidad. Incluso a Alemania le anularon un gol de Pavlovic por falta en ataque, en una muestra de que el partido no venía limpio para los de Nagelsmann.
La historia cambió desde el banco. Julian Nagelsmann movió piezas y encontró respuestas inmediatas con los ingresos de Nadiem Amiri y Deniz Undav. Amiri le dio otra claridad al último pase, y Undav hizo lo que se le pide a un delantero cuando entra en un partido cerrado: estar donde hay que estar. Primero empató tras un centro preciso de Amiri, y luego, ya en el descuento, apareció otra vez para firmar el 2-1 definitivo tras una asistencia de Nmecha.
El resultado deja a Alemania con seis puntos y con el pasaje a la siguiente fase asegurado, más allá de que todavía reste definir la posición final en el grupo. Costa de Marfil, en cambio, se fue con bronca: hizo méritos para llevarse algo, tuvo momentos de superioridad emocional y física, pero pagó caro no poder cerrar el partido cuando lo tenía favorable.
La lectura es clara: Alemania no brilló como en el debut, pero mostró una virtud clave en un Mundial, que es ganar también cuando el partido se complica. Costa de Marfil dejó una imagen fuerte, competitiva, de selección capaz de lastimar a cualquiera. Pero el que terminó festejando fue el de siempre: el equipo que parece tambalear, que sufre, que no enamora todo el tiempo, pero que encuentra un gol en el momento exacto.
Alemania volvió a ganar. Esta vez no por goleada, sino por carácter. Y en un Mundial, muchas veces eso pesa tanto como jugar bien.
