
Dentro de algunos días habrá goles, festejos, polémicas, decepciones y campeones. Pero antes de que ruede la pelota vale la pena hacerse una pregunta: ¿estamos a punto de vivir el mejor Mundial de la historia?
Nadie puede responderlo todavía. Pero sí hay razones para pensar que la Copa del Mundo 2026 tiene todos los ingredientes para convertirse en una edición inolvidable. El experimento de FIFA, este Mundial extendido, se pone en marcha.
1. Será el Mundial más grande jamás organizado
Nunca antes participaron 48 selecciones. Nunca antes se jugaron 104 partidos. Nunca antes tantos países tuvieron la oportunidad de cumplir el sueño mundialista.
La Copa del Mundo crece y, con ella, también las historias que están por contarse.
2. Será el último Mundial de varias leyendas
Cada generación tiene sus ídolos. Y esta puede ser la última vez que el mundo vea en una Copa del Mundo a futbolistas que marcaron una época.
Hay carreras extraordinarias que están llegando a su tramo final y millones de aficionados saben que están viendo los últimos capítulos de una era irrepetible.

3. La nueva generación quiere quedarse con el trono
Mientras algunos buscan cerrar su historia, otros intentan comenzar la propia. El Mundial siempre fue el escenario donde nacen las leyendas. Pelé tenía 17 años en Suecia 1958. Maradona explotó en México 1986. Mbappé sorprendió al mundo en Rusia 2018.
¿Quién será el nuevo nombre que recordaremos dentro de veinte años?
4. Tres países, tres culturas y una sola fiesta
Estados Unidos, México y Canadá organizan conjuntamente el torneo. Nunca un Mundial tuvo semejante dimensión geográfica.
Desde el histórico Azteca hasta modernos estadios estadounidenses, el campeonato recorrerá ciudades, culturas y ambientes completamente diferentes.
5. Los favoritos llegan con dudas
Argentina quiere defender la corona. España atraviesa uno de sus mejores momentos. Francia mantiene un plantel temible.
Brasil busca recuperar su lugar. Inglaterra sueña con romper una espera eterna.
Pero ninguno parece invencible. Y eso hace todo mucho más interesante.

6. Las sorpresas ya no son sorpresa
Hace tiempo que los Mundiales dejaron de pertenecer exclusivamente a las grandes potencias.
Marruecos llegó a semifinales. Croacia disputó una final y una semifinal consecutivas. Japón eliminó gigantes. Arabia Saudita venció a Argentina.
El fútbol se emparejó y cualquier cosa puede pasar.
7. Nunca hubo tantos jugadores de élite repartidos por el mundo
Las diferencias entre continentes son menores que hace 20 años, y hoy encontramos figuras en África, Asia, Norteamérica, Sudamérica y Europa. Eso convierte cada grupo en una incógnita.
Y cada partido puede esconder una historia inesperada.
8. Uruguay vuelve a ilusionarse
Porque para los uruguayos ningún Mundial es uno más. Si bien pareció hasta ahora que la locura por la Celeste estaba dormida, la partida de la selección a México despertó el alma futbolera del hincha. La Celeste llega con una nueva generación talentosa, un entrenador reconocido que tiene la complicada tarea de cargar sobre sus espaldas la renovación de la selección, ya sin los Forlán, Cavani o Suárez.
Uruguay ya demostró de lo que es capaz, más allá del prolongado bajón. Pero el Mundial es otro partido. Y la ilusión es enorme.
La historia enseña que cuando Uruguay llega a una Copa del Mundo nadie debería descartarlo. Es, por lo pronto, una de esas selecciones a la que nadie quiere enfrentar, porque nunca está algo dicho. Y esa sensación vuelve a estar presente.

9. El Mundial sigue siendo el último gran evento global
Hay torneos importantes, finales continentales. Hay Champions League. Pero nada se parece a un Mundial.
Durante un mes el planeta entero habla de lo mismo. Las diferencias desaparecen. Las ciudades se detienen. Los relojes se acomodan a los horarios de los partidos.
Y millones de personas comparten una misma emoción.
10. Porque todavía creemos en la magia
Quizás esa sea la razón más importante: en una época dominada por estadísticas, algoritmos y predicciones, el Mundial sigue conservando algo imposible de explicar.
La capacidad de sorprender. La posibilidad de que el más chico elimine al más grande. La ilusión de que un niño desconocido se convierta en héroe nacional. La certeza de que, durante algunas semanas, cualquier sueño parece posible. Por eso el Mundial sigue siendo especial.
Y por eso, cuando el árbitro marque el inicio del primer partido, volveremos a sentir lo mismo que sentimos hace cuatro años. La sensación de que todo puede pasar. Porque empieza un Mundial. Y no existe nada igual.

