
Inglaterra le ganó 2 a 1 a República Democrática del Congo y se metió en octavos de final del Mundial, pero el partido dejó bastante más que una clasificación. Dejó una advertencia.
Porque si alguien esperaba un trámite cómodo, una demostración de autoridad o una victoria sin sobresaltos, el partido fue exactamente lo contrario. Congo salió a jugar sin pedir permiso, golpeó primero y obligó a Inglaterra a correr desde atrás durante buena parte de la tarde.
El gol de Brian Cipenga, apenas iniciado el partido, puso todo patas para arriba. Inglaterra, candidata por nombres, historia y plantel, quedó de pronto frente a un escenario incómodo: tener la pelota, cargar con la obligación y encontrar respuestas ante un rival que no solo defendía, sino que también sabía lastimar.
Y ahí el partido empezó a mostrar dos cosas. Por un lado, el mérito enorme de Congo, que jugó con personalidad, intensidad y una convicción que lo hizo competir de verdad. Por otro, las dificultades de Inglaterra para transformar dominio en claridad. Porque tener más nombres no siempre alcanza, y en un Mundial mucho menos.
Durante largos pasajes, el equipo inglés pareció atrapado entre la urgencia y la falta de ideas. Buscó, empujó, insistió, pero se encontró con un rival firme y con un arquero que sostuvo la ventaja hasta donde pudo. Congo no se metió atrás por miedo: resistió porque el partido lo llevó a resistir, y lo hizo con dignidad.
Pero Inglaterra tiene algo que muchos no tienen: jerarquía en el área. Y cuando el partido empezaba a escaparse, apareció Harry Kane. Primero para empatar de cabeza, cuando el reloj ya pesaba. Después para dar vuelta la historia con un derechazo que terminó evitando un golpe que hubiera sacudido al Mundial.
Eso también explica por qué los candidatos siguen vivos aun cuando no juegan bien. Porque tienen futbolistas capaces de resolver lo que el juego colectivo no termina de encontrar. Kane volvió a ser eso: el seguro de vida de Inglaterra.
Congo se fue eliminado, pero no derrotado en la sensación. Compitió, incomodó, hizo sufrir a un candidato y dejó claro que su presencia en esta fase no fue casualidad. Le faltó sostener el golpe hasta el final, pero le sobró carácter para jugarle de igual a igual a una potencia.
Inglaterra sigue adelante, aunque no salió fortalecida del todo. Ganó, que en estas instancias es lo único imprescindible, pero también dejó preguntas. Deberá mejorar mucho si pretende llegar lejos, porque no siempre Kane va a aparecer a tiempo para apagar incendios.
Por ahora, le alcanzó.
Inglaterra respiró por Kane. Y Congo se fue del Mundial con la frente alta.
