
Argentina y Suiza se cruzarán este sábado por los cuartos de final del Mundial, en un partido que llega cargado de fútbol, tensión y también ruido alrededor. El encuentro se jugará desde la hora 22 de Uruguay en el Kansas City Stadium, también conocido como Arrowhead Stadium, y tendrá al portugués João Pinheiro como árbitro principal.
El ganador se meterá entre los cuatro mejores del mundo y enfrentará en semifinales al vencedor de Noruega-Inglaterra, que jugarán antes. Para Argentina, el objetivo es claro: seguir defendiendo la corona y acercarse a la posibilidad de jugar otra final. Para Suiza, la oportunidad es histórica: volver a una semifinal mundialista sería romper una barrera que durante décadas pareció imposible.
Argentina llega a este partido con una mezcla rara. Está en cuartos, sigue viva, tiene a Lionel Messi otra vez como figura determinante y mantiene intacta la ilusión de repetir el título. Pero el camino no ha sido tranquilo. Lejos de eso: el equipo de Lionel Scaloni viene sobreviviendo a partidos incómodos, de esos que dejan clasificación, pero también preguntas.
En la ronda de 32 sufrió muchísimo ante Cabo Verde. Ganó 3 a 2 en el alargue, en un partido que parecía tener controlado pero que terminó transformado en una prueba de resistencia. Cabo Verde lo llevó al límite y Argentina terminó celebrando más con alivio que con autoridad.
Después llegó Egipto, y otra vez la historia fue dramática. Argentina ganó 3 a 2, remontando un partido que se le había puesto cuesta arriba y metiéndose en cuartos con el corazón en la mano. Pero esa clasificación también vino acompañada por polémica. La Federación Egipcia presentó una queja formal ante FIFA por el arbitraje, especialmente por un gol anulado tras revisión del VAR y por un penal reclamado sobre el final, poco antes del gol argentino que terminó definiendo la serie.
El tema no quedó solo en la cancha. Desde Egipto hablaron de decisiones que, a su entender, condicionaron el partido, y el entrenador Hossam Hassan fue muy duro en sus declaraciones posteriores. En medio de esa discusión, Argentina llega a cuartos no solo con el peso de ser campeón vigente, sino también con la sensación de que cada partido suyo se juega bajo una lupa enorme.
Además, alrededor de la selección argentina también aparecieron otras tensiones, incluso con denuncias de hinchas rivales por incidentes y acusaciones contra parte de la parcialidad argentina en partidos anteriores. Nada de eso cambia lo que pasa dentro de la cancha, pero sí suma clima a una previa que ya venía caliente por sí sola.
Futbolísticamente, Argentina sigue teniendo argumentos de sobra. Messi continúa siendo el centro emocional y futbolístico del equipo, capaz de cambiar un partido en una pelota, en una pausa o en una definición. Pero la selección no viene mostrando la misma solidez de otros momentos. Ha ganado, sí, pero también ha dejado espacios, ha sufrido demasiado y ha dependido mucho de apariciones individuales.
Del otro lado estará una Suiza que llega con menos ruido, pero con muchas certezas. El equipo de Murat Yakin viene de eliminar a Colombia por penales después de un 0 a 0 muy trabajado, y antes había superado a Argelia 2 a 0 en la ronda de 32. No es una selección que necesite tener la pelota todo el tiempo para sentirse cómoda: sabe cerrarse, competir, esperar y llevar el partido hacia el terreno que más le conviene.
El gran golpe para Suiza pasa por la baja de Johan Manzambi, uno de sus futbolistas más importantes en el torneo. El volante, que suma tres goles y dos asistencias en el Mundial, no se recuperó de una lesión de rodilla y quedó descartado para el cruce ante Argentina. Es una ausencia pesada, porque Suiza pierde llegada, sorpresa y una pieza clave para romper líneas.
Aun así, el equipo europeo no llega resignado. Granit Xhaka, su capitán, dejó claro en la previa que Suiza no piensa jugar pendiente únicamente de Messi, sino de sus propias posibilidades. Y esa puede ser una de las claves: si Suiza logra sostener la pelota por momentos, presionar alto cuando corresponda y no vivir todo el partido cerca de su área, puede incomodar mucho al campeón del mundo.
Hay también un antecedente mundialista cercano entre ambos. Argentina y Suiza se cruzaron en Brasil 2014, por los octavos de final, y aquella vez la albiceleste ganó 1 a 0 en el alargue con gol de Ángel Di María, después de una asistencia de Messi. Fue un partido durísimo, cerrado, de esos que se destraban por una jugada mínima. Suiza lo recuerda bien, aunque desde su plantel intentan bajar la idea de revancha.
La previa, entonces, deja un partido con varios planos. Argentina llega con más historia, más nombres y más obligación. Suiza llega con menos presión y con una oportunidad enorme. La albiceleste necesita mejorar su funcionamiento para no volver a caminar por la cornisa. Los suizos necesitan llevar el partido a un lugar incómodo, largo, físico y mentalmente exigente.
En Kansas City se jugará mucho más que un pase a semifinales. Argentina buscará demostrar que todavía tiene fútbol y carácter para sostener la corona. Suiza intentará confirmar que ya no está solo para hacer buenos papeles, sino para golpear de verdad en una instancia grande.
El Mundial entra en zona de máxima exigencia. Y ahí, donde los partidos se definen por detalles, Argentina tendrá que hacer algo más que sobrevivir.
