Hoy es el profesional sanducero con más recorrido dentro de su corta carrera. Tiene cinco peleas en su haber, todas ganadas y una por nocaut. Pero desde marzo del año pasado, cuando derrotó a Joel Cano en el Radisson de Montevideo, no ha vuelto a subir al ring.
Mauricio Márquez espera esa llamada que le devuelva la adrenalina. A casi un año de su última pelea, todavía se pregunta qué pasa, por qué ese teléfono no suena para preguntarle si está disponible para pelear.
Quedó por el camino alguna posibilidad de ir al exterior, pero lo cierto es que las puertas se han cerrado por estos lados, de manera inexplicable. Es verdad: hoy es el Superwelter con el que nadie que pretenda hacer su carrera se quiere cruzar. Y eso complica.
“La realidad es que por ahora no hay nada planificado. No hay propuestas. Se hace ahora una velada en Maldonado, pero nunca nos llamaron, preguntaron o algo. Como que nos tienen en la conservadora”, dijo el boxeador sanducero a Chicos las Pelotas.
Mauricio, eso sí, sigue entrenando firme. Después de moverse muchísimos meses en doble horario, hoy el trabajo lo lleva a moverse en horario simple, pero sabiendo que apenas suene el teléfono volverá a la rutina habitual.
“Después de aquella pelea en marzo seguí entrenando firmes, como siempre, pero no pasó nada. Y… también hay que trabajar”, dijo.
Márquez intenta no pensar en cómo se ha estancado por el momento su carrera. Promisoria, por cierto. El boxeador reconoce que vive “una frustración grande”, pero también sabe que “hay que levantar la cabeza y seguir”.
Se aferra a aquello de que “todo pasa por algo, así que voy a seguir y esperando esa oportunidad que va a llegar. No está a mi alcance cambiarlo, no depende de mí que aparezca esa posibilidad. Por eso no me enojo mucho. De mí depende estar bien, entrenar. Con lo otro no puedo hacer nada”.
Mientras, cruza los dedos para que aparezca ese apoyo necesario para poder seguir. “Si tuviéramos a alguien que apoyara, podríamos hacer la carrera en Argentina, donde hay veladas todos los fines de semana. Esa falta de apoyo se siente. Y es necesario para el desarrollo del deportista que exista ese impulso”, remarcó.
