
Hay selecciones que llegan a un Mundial pensando en el debut como un simple trámite. Pero Uruguay no es una de ellas.
La historia reciente demuestra que para la Celeste el primer partido de una Copa del Mundo suele ser una piedra en el zapato. Una barrera difícil de superar. Un obstáculo que, curiosamente, no siempre condiciona el rendimiento posterior, pero que se ha transformado en una constante generación tras generación.
El próximo 15 de junio, cuando el equipo de Marcelo Bielsa enfrente a Arabia Saudita en Miami, volverá a ponerse a prueba una estadística que sorprende incluso a los propios hinchas uruguayos.
Porque Uruguay ganó apenas uno de sus últimos ocho debuts mundialistas. Sí, una de las selecciones más tradicionales del planeta, cuatro veces campeona del mundo y habitual protagonista de las grandes citas, sólo pudo celebrar una vez en sus estrenos desde 1974 hasta la actualidad.

La excepción fue Rusia 2018. Aquella tarde en Ekaterimburgo parecía encaminarse a otro empate frustrante, hasta que apareció José María Giménez en el minuto 89 para conectar un cabezazo salvador y darle la victoria por 1 a 0 frente a Egipto.
Fue una alegría tan agónica como necesaria. Y también una rareza.
Antes de aquel gol, Uruguay acumulaba más de cuatro décadas sin ganar un debut mundialista. Y después de Rusia volvió a tropezar con la misma piedra al igualar sin goles frente a Corea del Sur en Catar 2022.
De costumbre a excepción
Lo más llamativo es que no siempre fue así. Durante buena parte del siglo pasado, Uruguay tenía una relación casi perfecta con los comienzos mundialistas.
La primera selección campeona del mundo arrancó ganando en 1930 frente a Perú. Veinte años después goleó 8 a 0 a Bolivia en Brasil 1950, camino al inolvidable Maracanazo.

También debutó con victorias en Suiza 1954, Chile 1962 y México 1970. Entre 1930 y 1970 disputó seis estrenos mundialistas y no perdió ninguno. Era una época en la que comenzar con el pie derecho parecía una costumbre.
Pero el libreto cambió. La derrota 2 a 0 ante Países Bajos en Alemania 1974 abrió una etapa completamente diferente. A partir de entonces llegaron empates ante Alemania Federal, España y Francia, además de la inesperada caída frente a Costa Rica en Brasil 2014, quizás uno de los golpes más duros sufridos por Uruguay en una fase de grupos mundialista.
La curiosa paradoja celeste
La estadística es todavía más extraña cuando se observa qué ocurrió después de algunos de esos debuts.
Porque Uruguay no siempre necesitó ganar el primer partido para realizar grandes campañas.

En Sudáfrica 2010 comenzó con un discreto empate sin goles frente a Francia. Sin embargo, semanas más tarde estaba entre los cuatro mejores equipos del planeta.
Incluso en Italia 1990 avanzó a octavos de final después de un estreno sin goles frente a España.
Es decir que la dificultad para ganar el primer partido no necesariamente fue sinónimo de fracaso. Pero sí se transformó en una marca registrada de la selección en los últimos tiempos.

Arabia Saudita, la oportunidad de cambiar la historia
Ahora la responsabilidad recaerá sobre el plantel de Marcelo Bielsa. La Celeste llegará al Hard Rock Stadium de Miami sabiendo que el debut puede marcar el rumbo del Grupo H, que también integran España y Cabo Verde.
Una victoria permitiría afrontar con mayor tranquilidad los siguientes compromisos. Pero además serviría para romper una tendencia que acompaña a Uruguay desde hace más de medio siglo.
La historia dice que los mundiales suelen empezar cuesta arriba para la Celeste. El desafío de esta generación será demostrar que las estadísticas están para romperse. Y que el Mundial 2026 puede comenzar de una manera diferente.

