POR IGNACIO MAZZILLI. Juventud de Las Piedras jugó como se juega la Copa: con orden, con atención y con convicción. Empató 0-0 ante Guaraní en Montevideo y dejó la clasificación abierta para la revancha en Asunción por la Fase 2 de la Copa Libertadores. No hubo festejo, pero tampoco retroceso. Fue una noche de competencia real.
El partido se movió dentro de lo que suele proponer esta fase de la Libertadores: tensión permanente, márgenes mínimos y decisiones que pesan más que el trámite. Juventud entendió el contexto. No se desordenó, no regaló espacios y sostuvo el bloque con disciplina. La intención fue clara: competir primero, resolver después.
En el primer tiempo predominó el estudio. Guaraní intentó manejar los tiempos, pero sin profundidad. Juventud presionó en momentos puntuales y buscó verticalidad cuando encontró espacios. Ninguno logró romper el equilibrio.
En el complemento, el equipo pedrense adelantó metros y generó sus mejores aproximaciones. Faltó precisión en el último pase, ese detalle que en la Copa suele definir partidos. Del otro lado, Guaraní mantuvo estructura, apostó al error rival y administró el empate.
El 0-0 no fue un resultado cómodo, pero tampoco negativo. En estas series, la solidez suele ser el primer paso.
La definición se traslada a Paraguay. Ahí el margen será aún más fino. Juventud deberá repetir concentración, sostener intensidad y ser más preciso en las áreas. En esta instancia, la diferencia no suele ser futbolística: suele ser mental.
Juventud demostró que puede competir en el escenario continental. Ahora necesita dar el paso que separa competir de avanzar.
La Copa no perdona, pero tampoco regala nada. Y la serie está viva.

