POR IGNACIO MAZZILLI. Lanús (campeón de la Sudamericana 2025), jugó la final de ida de la Recopa Sudamericana ante Flamengo (campeón de la Libertadores 2025) y ganó 1 a 0 con gol de Rodrigo Castillo a los 77 minutos. El equipo argentino jugó como se juegan estas copas: con cabeza fría, orden y sentido competitivo. No fue una noche de brillo, fue una noche de carácter.
El partido fue lo que suelen ser estas definiciones: cerrado, intenso y de margen mínimo. Lanús entendió rápido el escenario. No se desordenó, no regaló espacios y compitió cada tramo del juego. Cuando el partido pidió precisión, apareció el gol. Y desde ahí, el equipo hizo lo más difícil: sostener.
Flamengo intentó imponer jerarquía, pero no logró romper la estructura. Lanús manejó los tiempos, defendió con disciplina y administró la ventaja con madurez. No dominó todo el trámite, pero controló el partido. En finales así, eso suele ser suficiente.
La diferencia es corta, pero real. Lanús no ganó la copa, ganó algo clave: posición. Ahora deberá sostener concentración, competir con inteligencia y resistir en un escenario exigente. Flamengo obligará, como obligan los grandes.
Las finales no siempre las gana el que más juega, sino el que mejor gestiona los momentos. Lanús dio el primer paso desde ese lugar: orden, carácter y convicción.
La Recopa todavía no tiene dueño. Pero el que pegó primero fue Lanús.

