
Uruguay entró en la cuenta regresiva para el partido que puede marcar su Mundial. Después del empate ante Cabo Verde, que dejó más preocupación que alivio tras dos errores increíbles, la Celeste pasó por días de análisis, autocrítica y recomposición anímica, con la mira puesta en España, rival del viernes a la hora 21 de Uruguay en Guadalajara.
La selección trabajó hoy a puertas cerradas en el Fairmont Mayakoba de Playa del Carmen, donde Marcelo Bielsa comenzó a ajustar detalles para un partido que no admite demasiados márgenes. El entrenamiento fue con todo el plantel y sin acceso a la prensa.
Desde la interna celeste se reconoció que el golpe del 2 a 2 ante Cabo Verde se sintió. No solo por el resultado, sino por lo que dejó escapar Uruguay en una serie que parecía ofrecer un camino más accesible. Sin embargo, después de ese período de “meditación” por lo sucedido, el clima cambió hacia la motivación y la confianza de poder sacar adelante el partido más difícil del grupo.
El martes, tras el entrenamiento de la mañana, los futbolistas tuvieron la tarde libre. Algunos pudieron compartir momentos con familiares que llegaron a Playa del Carmen, una situación que también ayudó a bajar tensiones en una concentración larga y cargada de presión. Entre ellos estuvo Darwin Núñez, que celebró su cumpleaños número 27 junto a su familia.
Este miércoles, en cambio, fue tiempo de volver al trabajo completo. La planificación incluyó al plantel dividido en turnos: primero los sparrings, luego un equipo alternativo y después el equipo principal, con la intención de mantener ritmo competitivo y seguir ajustando movimientos.
También quedó aclarado que Guillermo Varela no tiene lesión. El lateral recibió más descanso que otros compañeros luego de haber completado los 90 minutos en los dos partidos mundialistas, pero no presenta inconvenientes físicos.
La gran pregunta pasa por el equipo. Bielsa no mostró las cartas y mantiene incógnitas, pero hay nombres que empiezan a ganar fuerza. José María Giménez aparece como una posibilidad concreta para meterse en la zaga, no solo porque tiene en claro lo que significa enfrentar a rivales con los que se encuentra seguido, sino porque hay una realidad: no hay líder en el equipo. Nadie ha tomado ese rol, que no se impone sino que nace desde el carácter. Si esto se confirma, Mathías Olivera iría al lateral izquierdo.
La otra posibilidad está arriba. Darwin Núñez podría volver a tener lugar desde el inicio, en lugar de Federico Viñas, para darle al equipo más potencia, velocidad y profundidad. Ante un rival que seguramente tendrá más pelota, la capacidad de atacar espacios puede ser una de las herramientas principales para lastimar, más allá de que Darwin llega sin rodaje.
Pero hay otra incógnita: De Arrascaeta. Más allá de que el DT anunció que no estará a la orden al igual que Ronald Araújo, hoy la AUF publicó una sugestiva foto del jugador trabajando con pelota, lo qu eno deja de llamar la atención.
Más allá de todo, la receta es clara: competir con máxima concentración, no regalar metros, sostener intensidad, defender mejor las bandas y aprovechar cada transición. Uruguay no puede jugar un partido tibio. Necesita orden, agresividad y eficacia, tres cosas que no logró juntar durante los 90 minutos ni ante Arabia Saudita ni ante Cabo Verde. Por eso, se viene a la cabeza la posibilidad de jugar como en el amistoso ante Inglaterra: un partido de reacción.
El viaje a Guadalajara está previsto para este jueves, después del último movimiento en Playa del Carmen. La delegación dejará su base en la Riviera Maya para instalarse en la ciudad donde el viernes se jugará buena parte de su futuro mundialista.
Las cuentas son conocidas. Si Uruguay le gana a España, clasifica y puede incluso terminar primero del grupo, dependiendo de lo que suceda entre Cabo Verde y Arabia Saudita. Si empata, también puede avanzar, aunque quedará pendiente del otro resultado. Si pierde, el panorama se complica muchísimo y la Celeste pasará a depender de una combinación ajena para intentar entrar como uno de los mejores terceros.
Pero más allá de las cuentas, Uruguay necesita una señal futbolística. Necesita demostrar que sigue vivo no solo en la tabla, sino también en el juego. El Mundial todavía le da una oportunidad, pero esta vez no alcanza con prometer reacción.
Ante España, Uruguay jugará contra un rival de enorme jerarquía. Pero también jugará contra sus propios errores, contra los puntos que dejó escapar y contra la obligación de volver a ser un equipo reconocible. El viernes no habrá demasiado lugar para explicaciones.
