El navegante uruguayo Federico Waksman, de raíces sanduceras, tuvo otra actuación sobresaliente en el exigente Trophée BPGO, una de las regatas más reconocidas del calendario europeo, al quedarse nuevamente con el primer lugar en la categoría “bizuth” de la clase Figaro, premio destinado al mejor debutante.
En esta edición, Waksman compitió junto al español Carlos Manera, formando una dupla que mostró solidez, buena coordinación y gran capacidad de adaptación a lo largo de toda la prueba.
Se trató de su segunda participación en la competencia, lo que le da aún más valor al resultado: ya había conseguido el mismo reconocimiento en la edición anterior, reafirmando su crecimiento y regularidad en este nivel.
La regata, disputada en la clase Figaro —considerada una de las más competitivas y formativas de la vela oceánica— reúne a navegantes de distintos países y se caracteriza por su alto nivel técnico y condiciones exigentes. En ese contexto, la dupla logró sostener un rendimiento firme y competitivo, metiéndose nuevamente entre los protagonistas.
El logro cobra mayor dimensión al conocerse que Waksman afrontó la competencia con una lesión en una costilla, sufrida durante un entrenamiento previo. A pesar del dolor, completó cinco días de navegación intensa, prácticamente sin descanso, manteniendo concentración y rendimiento en todo momento.
El uruguayo continúa consolidándose como una de las principales figuras latinoamericanas de la vela oceánica. En 2023 había logrado una histórica victoria en la Mini Transat, y en 2025 obtuvo la medalla de bronce en el Mundial de regata oceánica en dobles mixtos junto a Dominique Knuppel.
Actualmente, Waksman sigue adelante con su preparación en Europa, enfocado en el campeonato mundial de 2026, previsto para septiembre.
“Este resultado es una gran motivación para seguir trabajando y creciendo en la vela offshore”, señaló tras la regata, destacando además el nivel de exigencia y el aprendizaje que deja la competencia.
El Trophée BPGO es una regata oceánica de prestigio dentro del circuito europeo, que convoca tanto a navegantes profesionales como emergentes. Se disputa en la clase Figaro, considerada una plataforma clave en la formación de los regatistas que aspiran a la élite mundial.
Una vez más, su actuación se transforma en motivo de orgullo para el deporte uruguayo y reafirma la presencia nacional en la élite de la náutica internacional.
