
Francia volvió a ganar, volvió a demostrar que tiene jerarquía de sobra y dejó prácticamente resuelto lo que fue a buscar ante Irak: otro triunfo, más goles de Mbappé y el pasaje a la siguiente instancia cada vez más encaminado.
Pero el partido tuvo una particularidad que terminó marcando la noche en Filadelfia: el entretiempo duró muchísimo más de lo habitual. Cuando Francia se había ido al descanso 1 a 0 arriba, gracias al gol de Kylian Mbappé a los 14 minutos, la tormenta eléctrica obligó a demorar el inicio del complemento. Rayos, lluvia fuerte y protocolos de seguridad mediante, jugadores e hinchas tuvieron que esperar cerca de dos horas para que la pelota volviera a rodar.
Y ahí también estuvo una de las claves del partido. Porque Irak había logrado sostenerse dentro del resultado durante el primer tiempo, pese al dominio francés, pero después del largo parate le costó muchísimo volver a entrar en ritmo. Francia, en cambio, salió como si nada hubiera pasado.
Mbappé volvió a aparecer en el inicio del segundo tiempo para poner el 2 a 0 y terminar de quebrar cualquier intento de reacción iraquí. El delantero francés, que sigue agrandando sus números mundialistas, fue otra vez el jugador que resolvió lo que el partido pedía: contundencia.
Irak intentó competir desde el orden, cerrando espacios y tratando de no partirse, pero la diferencia de calidad fue demasiado grande. Francia no necesitó una actuación brillante ni una exhibición de fútbol total. Le alcanzó con manejar los tiempos, acelerar cuando encontró espacios y castigar cada error.
El tercero llegó por intermedio de Ousmane Dembélé, que completó el 3 a 0 y le puso cifras definitivas a un partido que terminó siendo más cómodo de lo que por momentos insinuó el primer tiempo.
La tormenta frenó el espectáculo, enfrió la noche y estiró el partido mucho más de lo previsto. Pero no cambió el fondo: Francia fue superior, tuvo a Mbappé encendido y volvió a dejar claro que, aunque todavía no necesite pisar el acelerador a fondo, le sobra peso individual para resolver partidos.
Irak, en cambio, se quedó con la sensación de haber aguantado hasta donde pudo. Después del entretiempo eterno, el partido ya fue otro. Y Francia, cuando el Mundial le abre una puerta, generalmente no pide permiso para entrar.
