
Argentina volvió a sufrir muchísimo, pero sacó adelante otro partido que se le había complicado y derrotó 3 a 1 a Suiza en el alargue, para meterse entre los cuatro mejores del Mundial.
El resultado puede hacer pensar en una clasificación más cómoda de lo que realmente fue. Porque Argentina comenzó ganando temprano, después perdió el control del partido, permitió el empate y estuvo durante largos pasajes contra las cuerdas.
El equipo de Lionel Scaloni golpeó a los nueve minutos. Lionel Messi ejecutó un córner desde la izquierda y Alexis Mac Allister ganó de cabeza para poner el 1 a 0.
El gol le dio tranquilidad a Argentina, pero también terminó llevándolo a retrasarse demasiado. En lugar de aprovechar el impacto y buscar el segundo, la Albiceleste le cedió la pelota y el terreno a un rival que comenzó a crecer.
Suiza manejó el balón, adelantó sus líneas y encontró espacios, aunque en el primer tiempo le costó generar peligro claro. Su mejor oportunidad apareció después de un error de Lisandro Martínez, que dejó a Breel Embolo en posición de definir, pero Emiliano Martínez volvió a responder en un momento importante.
Argentina se fue al descanso en ventaja, aunque dejando la sensación de que el partido seguía totalmente abierto.
Y el segundo tiempo confirmó esa impresión. Suiza salió con mayor decisión, comenzó a ganar en la mitad de la cancha y obligó a Argentina a defender cada vez más cerca de su área.
El Dibu Martínez sostuvo a su equipo con dos grandes intervenciones: primero ante un cabezazo de Dan Ndoye y después frente a un remate de Granit Xhaka.
Pero la igualdad terminó llegando a los 71 minutos. Ndoye combinó con Ricardo Rodríguez, se metió entre Leandro Paredes y Rodrigo De Paul y definió con precisión para poner el 1 a 1.
El empate era merecido. Suiza estaba jugando mejor y Argentina volvía a mostrar las mismas dificultades que había tenido en sus anteriores partidos: poco control, dificultades para recuperar la pelota y una enorme dependencia de alguna aparición individual.
Poco después llegó la jugada que cambió el desarrollo del encuentro y que seguramente dejará mucha discusión.
El árbitro João Pinheiro amonestó inicialmente a Leandro Paredes, pero fue llamado por el VAR por una confusión de identidad. Después de revisar la acción, retiró la tarjeta al argentino y se la mostró a Embolo por simulación.
El delantero suizo ya estaba amonestado, por lo que recibió la segunda amarilla y fue expulsado. Suiza quedó con diez jugadores cuando atravesaba su mejor momento y Embolo abandonó la cancha entre lágrimas.
Con superioridad numérica, Scaloni mandó a la cancha a Nicolás González, Lautaro Martínez y Gonzalo Montiel para buscar el triunfo antes de llegar al tiempo suplementario.
Argentina tuvo varias oportunidades. Nico Elvedi salvó sobre la línea un remate de Mac Allister, Messi sacó un disparo que pasó cerca y, en la última jugada del tiempo reglamentario, Gregor Kobel realizó una atajada espectacular ante una tijera de Lisandro Martínez.
No hubo definición y el partido se fue al alargue.
Aun con un jugador más, Argentina no encontró rápidamente los caminos. Suiza se cerró, defendió con orden y durante varios minutos logró mantener el empate.
Hasta que apareció Julián Álvarez.
A los 112 minutos, el delantero recibió fuera del área y sacó un tremendo remate cruzado que se metió contra el ángulo. Un golazo para romper la resistencia suiza y aliviar a una Argentina que volvía a estar al límite.
Suiza se adelantó buscando el empate y dejó espacios. Ya sobre el final, Thiago Almada encabezó un contragolpe, Kobel logró rechazar el primer intento y Lautaro Martínez aprovechó el rebote para marcar el 3 a 1 definitivo.
Argentina está nuevamente en semifinales, pero su camino sigue dejando señales contradictorias.
Tiene carácter, experiencia y futbolistas capaces de resolver partidos en cualquier momento. También tiene a Messi, aunque esta vez el capitán no pudo ser tan determinante más allá de la asistencia del primer gol.
Pero el equipo volvió a sufrir demasiado, perdió el dominio después de ponerse en ventaja y necesitó jugar más de 90 minutos por tercera vez consecutiva en la fase eliminatoria.
La expulsión de Embolo fue determinante. Hasta ese momento, Suiza estaba mejor y parecía tener más posibilidades de quedarse con el partido. Con diez jugadores, tuvo que renunciar al ataque y concentrarse en resistir.
Argentina aprovechó finalmente esa ventaja, aunque necesitó llegar hasta el minuto 112 para quebrar a su rival.
La Albiceleste sigue avanzando, incluso cuando no juega bien. Y eso también representa una enorme virtud en un Mundial: sabe sufrir, no se entrega y encuentra respuestas cuando el margen de error desaparece.
Ahora enfrentará a Inglaterra por un lugar en la final. Y para seguir defendiendo la corona deberá mejorar, porque su corazón de campeón sigue intacto, pero cada partido le está exigiendo demasiado.
