
España volverá a jugar una final de la Copa del Mundo después de 16 años. El domingo enfrentará a Argentina buscando su segunda estrella y tratando de conservar un registro perfecto: hasta ahora, cada vez que llegó al partido por el título, terminó levantando la Copa.
La selección española disputó una sola final mundialista. Fue el 11 de julio de 2010, en Johannesburgo, cuando derrotó 1 a 0 a Países Bajos con un gol de Andrés Iniesta a cuatro minutos del final del alargue.
Aquella noche cambió para siempre la historia de un país que llevaba décadas presentándose a los Mundiales con grandes jugadores y altas expectativas, pero que siempre encontraba alguna manera de quedarse por el camino.
La final del domingo será apenas la segunda de España en 17 participaciones mundialistas.
Una historia de frustraciones antes de la gloria
España llegó por primera vez a un Mundial en Italia 1934. A lo largo de los años contó con futbolistas extraordinarios, pero durante mucho tiempo no consiguió transformar esa calidad en resultados importantes.
Antes de 2010, su mejor actuación había sido el cuarto puesto obtenido en Brasil 1950. Sin embargo, aquella edición no tuvo una final como las actuales: el campeón se definió mediante un cuadrangular entre Uruguay, Brasil, Suecia y España.

La selección española volvió a quedar varias veces cerca de las instancias decisivas. Perdió por penales ante Bélgica en los cuartos de final de México 1986, fue eliminada por Italia en un polémico partido de cuartos en Estados Unidos 1994 y cayó también desde los once pasos frente a Corea del Sur en 2002, en otro encuentro marcado por las discusiones arbitrales.
España comenzó a convivir con una etiqueta difícil de quitarse: era considerada una potencia por sus jugadores y por la importancia de su liga, pero no por sus resultados mundialistas.
Todo empezó a cambiar en 2008.
El nacimiento de una selección inolvidable
España ganó la Eurocopa de 2008 dirigida por Luis Aragonés y terminó con una espera de 44 años sin conquistar un gran torneo.
El equipo encontró una identidad basada en el control de la pelota, los pases cortos, la paciencia y una generación de futbolistas excepcionales. Xavi Hernández, Andrés Iniesta, Iker Casillas, Sergio Ramos, Carles Puyol, David Villa, Xabi Alonso, Sergio Busquets y Fernando Torres fueron algunos de los nombres de aquel ciclo.
Vicente del Bosque sustituyó a Aragonés después de la Eurocopa, pero mantuvo la base, el estilo y buena parte del grupo.

España llegó al Mundial de Sudáfrica 2010 como uno de los grandes favoritos. Sin embargo, su estreno pareció anunciar otra frustración: perdió 1 a 0 frente a Suiza.
Aquella derrota convirtió a España en la primera selección que comenzó perdiendo un Mundial y terminó conquistándolo. También fue el único partido que perdió durante toda la competencia.
De la derrota inicial a la final
España se recuperó venciendo 2 a 0 a Honduras y 2 a 1 a Chile, resultados que le permitieron terminar primera en su grupo.
A partir de los octavos de final comenzó una serie tan efectiva como ajustada: ganó todos los partidos eliminatorios por 1 a 0.
En octavos superó a Portugal con un gol de David Villa. En cuartos eliminó a Paraguay en uno de los encuentros más extraños del torneo.

El árbitro sancionó primero un penal para Paraguay, pero Iker Casillas detuvo el remate de Óscar Cardozo. Poco después España tuvo el suyo. Xabi Alonso convirtió, pero el lanzamiento debió repetirse por invasión de varios jugadores al área. En el segundo intento, Justo Villar le atajó el disparo.
Cuando parecía que el partido se encaminaba al alargue, Villa marcó el único gol después de una jugada en la que la pelota golpeó en los dos postes antes de entrar.
En semifinales esperaba Alemania, que venía de golear 4 a 1 a Inglaterra y 4 a 0 a Argentina. España dominó el encuentro y ganó con un cabezazo de Carles Puyol, quien apareció lanzado desde atrás para conectar un tiro de esquina ejecutado por Xavi.
Por primera vez, España estaba en la final de un Mundial.
Una final áspera y llena de tensión
El partido decisivo se jugó en el estadio Soccer City de Johannesburgo ante Países Bajos, otra selección que tampoco había sido campeona mundial.
España buscaba su primera estrella. Los neerlandeses intentaban terminar con las frustraciones de las finales perdidas en 1974 y 1978.
El encuentro fue mucho más áspero que brillante. Países Bajos presionó, cortó el juego español y cometió numerosas faltas. Una de las imágenes más recordadas fue la patada de Nigel de Jong en el pecho de Xabi Alonso, sancionada únicamente con tarjeta amarilla.
España también sufrió para encontrar espacios. El partido se fue cargando de nervios, discusiones y tarjetas.
La oportunidad más clara del tiempo reglamentario fue para Arjen Robben. El delantero neerlandés quedó solo frente a Casillas después de un pase de Wesley Sneijder.
Robben parecía tener todo a favor, pero Casillas esperó hasta el último momento y desvió la pelota con la punta del pie derecho.

Fue una atajada que terminó valiendo una Copa del Mundo. Años después, fue elegida por los propios aficionados españoles como uno de los momentos más importantes de la historia de la selección.
Robben tuvo otra oportunidad más adelante, pero volvió a encontrarse con Casillas después de escapar hacia el arco español.
El 0 a 0 se mantuvo y la final llegó al alargue.
La jugada que cambió la historia de España
Países Bajos quedó con diez jugadores a los 109 minutos por la expulsión de John Heitinga.
España comenzó a encontrar más espacios, pero el tiempo se terminaba y la definición por penales parecía inevitable.
A los 116 minutos comenzó la jugada que cambió la historia del fútbol español.
Jesús Navas avanzó desde el sector derecho. La pelota pasó por Fernando Torres, fue rechazada por la defensa neerlandesa y cayó en los pies de Cesc Fàbregas. El mediocampista levantó la cabeza y encontró libre a Andrés Iniesta dentro del área.

Iniesta controló y remató cruzado con la pierna derecha. La pelota superó al arquero Maarten Stekelenburg y entró junto al segundo palo. España estaba 1 a 0 a cuatro minutos del final.
La jugada había comenzado con una corrida de Navas, quien había ingresado durante el segundo tiempo y aportó velocidad en un partido cerrado. La propia Federación Española recordó aquel avance como el inicio de la acción más importante en la carrera del futbolista sevillano.
“Dani Jarque siempre con nosotros”
Después de marcar, Iniesta se quitó la camiseta española y mostró otra blanca que llevaba debajo.
En ella había escrito un mensaje: “Dani Jarque siempre con nosotros”.
Jarque, capitán del Espanyol y amigo de varios integrantes de la selección, había fallecido en agosto de 2009, con apenas 26 años, debido a un problema cardíaco.
En el momento más importante de su carrera, Iniesta eligió recordar a su amigo.

La imagen recorrió el mundo y convirtió el gol en algo todavía más grande que una consagración deportiva. La FIFA considera aquella celebración uno de los momentos más emotivos en la historia de las finales mundialistas.
Iniesta fue amonestado por quitarse la camiseta, pero ya nada importaba.
Pocos minutos después, el árbitro Howard Webb marcó el final.
Casillas y una imagen que quedó para siempre
Iker Casillas fue el encargado de levantar la Copa. El arquero y capitán había sido decisivo en los cuartos de final al detener el penal de Cardozo y volvió a resultar fundamental en la definición ante Países Bajos con su atajada a Robben.
España recibió solamente dos goles en todo el Mundial: uno frente a Suiza y otro ante Chile. Desde los octavos de final hasta la consagración, Casillas terminó los cuatro partidos con el arco invicto.
El capitán levantó la Copa entre lágrimas y cerró uno de los ciclos más extraordinarios de una selección nacional. España había ganado la Eurocopa de 2008, conquistó el Mundial de 2010 y posteriormente se quedó con la Eurocopa de 2012.

Fue la primera selección masculina en ganar tres grandes torneos internacionales consecutivos.
España logró el título de 2010 marcando solamente ocho goles en siete partidos, una cifra muy baja para un campeón mundial.
David Villa fue el máximo goleador del equipo, con cinco. Iniesta convirtió dos y Puyol hizo el restante.
Los españoles no necesitaron golear. Su fortaleza estuvo en el control del juego y en una defensa que prácticamente no concedía oportunidades.
En las cuatro rondas eliminatorias obtuvo exactamente el mismo resultado: 1 a 0 contra Portugal, Paraguay, Alemania y Países Bajos. Solo en dos de sus siete partidos marcó más de un gol.
El equipo que dominaba la pelota y parecía capaz de atacar durante horas terminó construyendo su título desde la paciencia, la seguridad defensiva y la capacidad para resolver encuentros cerrados.
España nunca perdió una final del mundo
El historial español en partidos por el título es breve, pero perfecto. Jugó una final, marcó un gol, no recibió ninguno y se quedó con la Copa.
La definición ante Argentina será su segunda final y llegará 16 años y ocho días después de aquella noche de Johannesburgo. También marcará un cambio completo de generación. Ninguno de los futbolistas que disputaron la final de 2010 forma parte del plantel actual.
Por lo tanto, España seguirá sin tener un jugador que haya disputado dos finales mundialistas. Todos los españoles que ingresen al campo el domingo estarán jugando la primera de sus carreras.
Casillas (en la final, ante Robben, hizo la atajada de su vida), Ramos y Busquets continúan encabezando el registro histórico de España con 17 partidos mundialistas cada uno, seguidos por Andoni Zubizarreta, con 16, y Xavi, con 15.
La España de 2010 tenía como grandes referentes a Casillas, Xavi, Iniesta, Villa y Puyol.

La selección que llegó a la final de 2026 tiene otros nombres, otra edad y un entrenador diferente, pero conserva varios rasgos de aquella identidad: la intención de controlar la pelota, la importancia de los mediocampistas y la búsqueda constante de superioridad mediante el pase.
Luis de la Fuente conduce una generación en la que conviven la experiencia de Rodri y Dani Olmo con el talento joven de futbolistas como Lamine Yamal.
España llegará a la final después de derrotar 2 a 0 a Francia en semifinales. Será apenas su segundo partido por la Copa y buscará mantener una efectividad que ninguna otra selección campeona puede mostrar: nunca llegó a una final para perderla.
Enfrente estará Argentina, una selección acostumbrada a esta instancia y que disputará su séptima final. España, en cambio, vuelve al lugar en el que estuvo una sola vez.
Aquella noche necesitó una atajada con la punta del botín, un gol en el minuto 116 y una generación irrepetible para convertirse en campeón. El domingo intentará demostrar que ya no necesita esperar otros 16 años para volver a tocar el cielo.
