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Mundial 2026

De 48 selecciones a una última noche: las imágenes que dejó el Mundial

Last updated: julio 16, 2026 8:24 pm
Chicos las Pelotas
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Cabo Verde es, sin dudas, la gran revelación del Mundial
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Durante más de un mes hubo camisetas de todos los colores, partidos a cualquier hora, estadios llenos y países que por primera vez se sentaron a la mesa grande del fútbol. Hubo 48 selecciones, 104 partidos previstos y millones de personas convencidas de que, quizá, esta vez la historia podía tener su nombre.

Contenido
El Mundial que abrió la puertaCabo Verde dejó de ser una curiosidadÁfrica encontró una Copa diferenteLas potencias también caenNoruega volvió con Haaland y se quedó casi hasta el finalLos jóvenes dejaron de pedir permisoUruguay se fue demasiado prontoLos estadios también jugaron su torneoHubo tiempo para todoDos selecciones y una sola Copa

Ahora quedan dos. Argentina y España disputarán el domingo la final del primer Mundial de 48 participantes. Una última noche para cerrar un torneo enorme, extendido por tres países, en el que hubo lugar para las potencias de siempre, pero también para selecciones que llegaron sin historia mundialista y se fueron dejando una marca.

Cuando el árbitro marque el comienzo de la final, todo el Mundial quedará reducido a dos camisetas. Pero para llegar hasta allí debieron pasar muchas cosas.

El Mundial que abrió la puerta

Por primera vez, la Copa del Mundo reunió a 48 selecciones. Fueron 16 más que en Catar 2022 y el calendario pasó de 64 a 104 encuentros.

El nuevo formato comenzó con 12 grupos de cuatro equipos. Los dos primeros de cada serie y los ocho mejores terceros avanzaron a una inédita ronda de 32, que agregó una eliminación directa antes de los tradicionales octavos de final.

El cambio provocó dudas antes de que comenzara la competencia. Se temía que hubiera demasiados partidos desparejos, que la primera fase perdiera interés o que algunas selecciones llegaran solamente para completar el cuadro.

El Mundial terminó demostrando que había espacio para algo más. Cabo Verde, Curazao, Jordania y Uzbekistán jugaron por primera vez una Copa del Mundo. Los cuatro consiguieron marcar su primer gol mundialista, un detalle que para las grandes potencias puede parecer pequeño, pero que en esos países quedará guardado durante generaciones.

Porque, al final, no todos llegaron para mirar.

Cabo Verde dejó de ser una curiosidad

Cabo Verde comenzó el torneo como una de las selecciones de menor población y con menor tradición entre las 48 participantes. Terminó convertido en una de las grandes historias de la Copa.

En su debut mundialista empató sin goles frente a España, que llegaba como campeona de Europa y terminaría alcanzando la final. No fue un empate conseguido únicamente mediante resistencia: fue una actuación defensiva extraordinaria, sostenida con orden, concentración y una enorme confianza.

Los africanos finalizaron segundos en su grupo, por encima de Uruguay y Arabia Saudita, y avanzaron a la ronda de 32. Allí volvieron a competir sin complejos y obligaron al campeón vigente, Argentina, a esforzarse para eliminarlos por 3 a 2.

Cabo Verde no levantó la Copa. Tampoco necesitó hacerlo para ganar algo. Llegó como una selección desconocida para buena parte del público y se marchó después de demostrar que el aumento de participantes no tenía por qué significar únicamente más partidos. También podía abrirle una puerta a historias que antes no encontraban lugar.

África encontró una Copa diferente

El Mundial también cambió la imagen de las selecciones africanas. Nueve de sus diez representantes superaron la fase de grupos, una cifra que reflejó algo más profundo que una buena serie de resultados. Equipos que durante muchos años fueron considerados intensos, físicos o imprevisibles mostraron además orden táctico, capacidad técnica y futbolistas acostumbrados a competir en las principales ligas.

Egipto realizó una campaña histórica y avanzó hasta los octavos de final, dejando una actuación que cambió la percepción internacional sobre su selección. Marruecos volvió a demostrar que lo ocurrido en Catar 2022 no había sido una casualidad y llegó hasta los cuartos, antes de caer frente a Francia.

Congo Democrática también alcanzó la ronda de 32 y fue otra de las selecciones que desafiaron las previsiones.

África no terminó con un representante en la final, pero estuvo mucho más cerca del centro de la competencia que en buena parte de la historia de los Mundiales.

Las potencias también caen

El Mundial de 48 equipos no protegió a los grandes. Alemania volvió a marcharse antes de lo previsto. Después de dos eliminaciones consecutivas en la fase de grupos, esta vez logró avanzar, pero Paraguay la dejó afuera por penales en la ronda de 32.

El golpe abrió nuevamente un período de preguntas para una selección que durante décadas fue sinónimo de seguridad y presencia en las instancias decisivas. La eliminación provocó una fuerte revisión interna sobre el presente y el futuro del fútbol alemán.

Brasil también se despidió antes de las semifinales. Superó a Japón en la primera ronda eliminatoria, pero Noruega lo venció 2 a 1 en los octavos de final y terminó con otra ilusión brasileña.

Portugal quedó por el camino frente a España. Países Bajos fue eliminado por Marruecos. Alemania cayó ante Paraguay. Brasil perdió con Noruega.

El cuadro se fue vaciando de nombres pesados y confirmó algo que todo Mundial recuerda cada cuatro años: la historia ayuda a llegar, pero no juega.

Noruega volvió con Haaland y se quedó casi hasta el final

Noruega regresó a un Mundial después de una ausencia de 28 años. La mayor parte de las miradas estaba puesta en Erling Haaland, uno de los grandes goleadores de su generación y debutante en la Copa del Mundo. Pero el recorrido noruego no se redujo a una sola figura.

El equipo europeo eliminó a Costa de Marfil, después dejó por el camino a Brasil y alcanzó los cuartos de final. Recién Inglaterra pudo detenerlo, en un partido que terminó 2 a 1.

Noruega no llegó a las semifinales, pero recuperó un lugar que parecía lejano y confirmó que su nueva generación estaba preparada para algo más que clasificarse. Haaland fue, además, uno de los debutantes mejor valorados del torneo.

Los jóvenes dejaron de pedir permiso

Cada Mundial anuncia nombres nuevos. Algunos llegan como promesas y se marchan convertidos en estrellas.

Esta edición tuvo una particularidad: varios jóvenes no esperaron a que los grandes referentes se retiraran para reclamar su espacio.

Lamine Yamal condujo a España hasta la final antes de cumplir los 20 años. Pau Cubarsí se presentó en el escenario mayor como uno de los defensores jóvenes más destacados. Michael Olise se convirtió en una pieza fundamental de Francia y Johan Manzambi fue una de las revelaciones de Suiza.

No fueron apariciones pensadas únicamente para el futuro. Fueron protagonistas del presente.

Al mismo tiempo, futbolistas como Lionel Messi volvieron a recordar que una Copa del Mundo también puede ser el lugar en el que la experiencia se resiste a entregar el mando.

La final entre Argentina y España terminó reuniendo esas dos puntas. De un lado, una selección campeona que conserva a su gran símbolo. Del otro, un equipo renovado que encontró en varios jóvenes la energía para volver al partido decisivo.

Uruguay se fue demasiado pronto

Para Uruguay, el Mundial dejó una sensación amarga. La Celeste no logró superar la fase de grupos y quedó por detrás de España y Cabo Verde. El equipo tuvo momentos competitivos, especialmente frente a los españoles, pero pagó caro sus errores propios y quedó sin chances antes de lo esperado.

La eliminación abrió inmediatamente el debate sobre Marcelo Bielsa, el funcionamiento de la selección y la continuidad de un proceso que había comenzado con grandes expectativas. Uruguay llegó pensando en primero pasar de fase. Y se fue observando cómo España, uno de sus rivales en la serie, avanzaba hasta la final, y cómo Cabo Verde transformaba su primera participación mundialista en una de las grandes historias del torneo.

Fue otra muestra de la distancia que puede existir entre lo que una selección imagina antes de comenzar y lo que el Mundial termina permitiendo.

Los estadios también jugaron su torneo

La competencia se repartió entre Estados Unidos, México y Canadá. Las distancias fueron enormes, los climas cambiaron de una ciudad a otra y los equipos debieron adaptarse a viajes, horarios y escenarios muy diferentes.

Fue el Mundial con mayor cantidad de partidos y estuvo encaminado desde antes de comenzar a superar ampliamente el récord histórico de asistencia acumulada. Más de cinco millones de entradas ya se habían vendido cuando todavía faltaban 50 días para el comienzo.

Las tribunas se convirtieron en una mezcla de idiomas, banderas y costumbres. Los mexicanos transformaron sus partidos en celebraciones. Los argentinos llevaron su multitud de una ciudad a otra. Los ecuatorianos pintaron de amarillo sectores enteros de Nueva York. Los pequeños grupos de países debutantes encontraron la manera de hacerse escuchar frente a hinchadas mucho más numerosas.

El Mundial se jugó en el césped, pero también en aeropuertos, calles, trenes, plazas y Fan Fest.

Hubo tiempo para todo

Un torneo de 104 partidos deja demasiadas imágenes como para resumirlas en una sola. Quedará el asombro de Cabo Verde frente a España. La caída de Alemania ante Paraguay. Noruega eliminando a Brasil. Marruecos volviendo a instalarse entre los mejores. Messi marcando su primer triplete en una Copa del Mundo. Los penales, las lesiones, las decisiones del VAR y los partidos resueltos cuando ya parecía que no quedaba tiempo.

Quedarán también los que se fueron sin cumplir lo que prometían, los entrenadores que deberán explicar sus decisiones y los futbolistas que posiblemente hayan disputado su último Mundial.

No todo fue brillante. Hubo traslados extensos, horarios discutidos, partidos desparejos y un cuadro difícil de seguir. El nuevo formato permitió más oportunidades, pero también hizo que la Copa fuera más larga, más exigente y por momentos difícil de abarcar.

Esa discusión continuará después de la final.

Dos selecciones y una sola Copa

España llegó al partido decisivo después de eliminar a Portugal, Bélgica y Francia. Argentina debió superar a Cabo Verde, Egipto, Suiza e Inglaterra para tener la posibilidad de defender el título obtenido en Catar. Sus caminos fueron diferentes, pero terminaron en el mismo lugar.

España busca su segunda Copa y pretende recuperar el título que ganó por única vez en 2010. Argentina disputará su séptima final y va por la cuarta estrella.

Una representa a una nueva generación que ya no quiere ser presentada como una promesa. La otra vuelve a apoyarse en un grupo acostumbrado a competir bajo la presión de ser campeón.

El domingo habrá un ganador. Habrá una vuelta olímpica, jugadores llorando, papelitos, familias dentro de la cancha y una Copa levantada frente a un estadio repleto.

Entonces se terminará todo. Las 48 selecciones serán nuevamente una. Los 104 partidos quedarán reducidos a un resultado. Los goles, las sorpresas y las discusiones comenzarán a transformarse en recuerdos.

Pero un Mundial nunca se explica únicamente por el nombre del campeón. También queda lo que sucedió antes: los países que estuvieron por primera vez, las potencias que cayeron, los desconocidos que encontraron su lugar y las historias que nacieron mientras todos miraban hacia otro lado.

El resultado de la final se sabrá el domingo. La historia del Mundial ya empezó a escribirse mucho antes.

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