
Argentina sigue en el Mundial. Pero sigue después de caminar por la cornisa, de estar 2 a 0 abajo, de errar un penal, de sufrir como pocas veces y de terminar metida en una nueva polémica arbitral. La campeona del mundo le ganó 3 a 2 a Egipto en Atlanta, se metió en cuartos de final y dejó por el camino a un rival que estuvo muy cerca de dar uno de los grandes golpes del torneo.
Egipto hizo el partido que tenía pensado. Se cerró muy cerca de su arquero, achicó espacios, le entregó la pelota a Argentina y esperó el momento justo para salir de contra. Y durante buena parte del partido, el plan le salió perfecto. A los 14 minutos, Yasser Ibrahim ganó en el área y puso de cabeza el 1 a 0, dejando a Argentina golpeada, incómoda y obligada a jugar contra el reloj.
La Albiceleste tuvo la chance de empatar poco después, pero Messi falló un penal. El remate fue contenido por Mostafa Shobeir, que terminó siendo una de las grandes figuras egipcias. Ese error pudo haber pesado muchísimo, porque Argentina no encontraba claridad, chocaba contra una defensa cerrada y veía cómo el partido se le empezaba a ir.
Egipto no solo resistía: también lastimaba. Y en el segundo tiempo encontró dos golpes que pudieron cambiar la historia. Primero, Mostafa Zico llegó a marcar el que parecía ser el 2 a 0 tras una gran contra, pero el gol fue anulado por una falta en la recuperación de la pelota. La decisión fue muy protestada por los africanos, que entendieron que el contacto no alcanzaba para borrar una acción que terminaba en gol.
Pero Egipto volvió a golpear. Aguantaba peligrosamente buscando salir de contra. Y en otra salida rápida, con Salah y Hassan como protagonistas, Mostafa Zico apareció para marcar el 2 a 0 que esta vez sí subió al marcador. Argentina quedaba contra las cuerdas, desordenada, nerviosa y con la eliminación golpeándole la puerta.
El problema de Egipto fue que, cuando tuvo el partido en sus manos, no supo defenderse con la pelota. Se dedicó a defender, haciéndolo cada vez con más hombres y contragolpear, algo que le había dado resultado, pero cuando estuvo 2 a 0 arriba necesitaba algo más: pausa, posesión, enfriar el trámite, sacar a Argentina de su impulso. No lo hizo. Se metió demasiado atrás, regaló metros, perdió salida y terminó invitando a la campeona del mundo a jugar el partido que más le convenía: empuje, área, centros, rebotes y jerarquía.
Argentina lo castigó. Cristian “Cuti” Romero descontó de cabeza, tras un centro de Messi, y volvió a meter a la Albiceleste en partido. Después apareció el propio Messi para el 2 a 2, dejando atrás el penal errado y confirmando que, incluso en una tarde imperfecta, sigue teniendo la capacidad de torcer partidos imposibles.
Y en el final llegó el golpe definitivo. Antes del tercer gol argentino, Egipto reclamó una falta en el área albiceleste, en una acción que desató la bronca del banco y de los jugadores africanos. La jugada siguió, Argentina salió rápido y Enzo Fernández apareció para marcar el 3 a 2 del triunfo, el gol que completó una remontada tan enorme como discutida. La televisación no lo mostró, pero hubo hasta golpes de puño contra el banco africano.
Pero lo cierto es que Argentina ganó desde el carácter, no desde la comodidad. Mostró reacción, corazón y peso individual para levantarse de un 0-2 en un cruce mundialista. Pero también dejó señales preocupantes: sufrió atrás, perdió claridad durante largos pasajes, dependió demasiado de Messi y volvió a quedar envuelta en decisiones arbitrales que darán que hablar.
Egipto se va con bronca. Hizo un partido inteligente durante muchos minutos, golpeó con Yasser Ibrahim y Mostafa Zico, tuvo otro tanto anulado en una acción muy protestada y hasta reclamó una falta antes del gol decisivo argentino. Pero pagó caro no haber sabido manejar la ventaja. Se defendió mucho, sí. Pero se defendió poco con la pelota.
Argentina sigue viva. Sobrevivió a un penal errado de Messi, a un 0-2, a un gol anulado a Egipto, a los reclamos africanos y a una tarde llena de tensión. En los Mundiales, muchas veces, no alcanza con jugar bien: también hay que resistir, levantarse y aprovechar los momentos. Argentina lo hizo. Y por eso sigue.
