
Bélgica le ganó 3 a 2 a Senegal en un partido increíble y se metió en octavos de final del Mundial, pero la palabra que mejor explica lo que pasó no es superioridad. Es supervivencia.
Porque durante buena parte del encuentro, Senegal fue más. Jugó mejor, estuvo más claro, golpeó primero y llegó a tener contra las cuerdas a una Bélgica que parecía sin respuestas. El equipo africano no salió a especular ni a esperar un milagro: salió a jugar, a competir y a demostrar que su lugar en esta fase no era casualidad.
El gol de Habib Diarra en el primer tiempo fue justo para lo que mostraba el partido. Senegal estaba cómodo, intenso, con personalidad. Bélgica tenía la pelota por momentos, pero no encontraba caminos. Le costaba generar juego, le costaba quebrar líneas y, sobre todo, le costaba imponer la diferencia de nombres que en la previa parecía tener.
Cuando Ismaïla Sarr puso el segundo en el complemento, la sensación fue que el golpe estaba dado. Senegal ganaba 2 a 0, jugaba con confianza y Bélgica caminaba por la cornisa. Era una de esas tardes mundialistas en las que el candidato empieza a mirar el reloj, el marcador y el abismo al mismo tiempo.
Pero el Mundial tiene esas cosas. Y Bélgica, aun en una versión irregular, tiene futbolistas capaces de cambiar una historia en cinco minutos.
Lukaku apareció para descontar cuando el partido ya se escapaba. Y enseguida Tielemans puso el empate, llevando el partido al alargue y convirtiendo en drama lo que para Senegal parecía una clasificación histórica. En cuestión de minutos, todo lo construido por los africanos empezó a tambalear.
La prórroga terminó de romper el corazón senegalés. Un penal sancionado tras revisión del VAR le permitió a Tielemans marcar el 3 a 2 definitivo y sellar una remontada tan agónica como polémica. Bélgica pasó. Senegal quedó afuera. Y el partido dejó esa mezcla rara que solo tiene el fútbol: alegría para uno, desconsuelo para el otro, y la sensación de que el resultado no siempre cuenta toda la historia.
Senegal se despidió con la frente en alto. Fue valiente, fue competitivo y estuvo muy cerca de eliminar a un equipo europeo con mucho más recorrido y cartel. Le faltó cerrar el partido, que es quizás lo más difícil cuando enfrente hay jerarquía, oficio y jugadores acostumbrados a sobrevivir en noches límite.
Bélgica sigue adelante, pero con más preguntas que certezas. Ganó, sí. Avanzó, también. Pero volvió a mostrar dudas, fragilidad y una dependencia enorme de sus individualidades. En un Mundial, ganar así puede fortalecer desde lo emocional, pero también deja avisos.
Porque no siempre se vuelve de un 0-2.
Esta vez Bélgica lo hizo. Sobrevivió a Senegal, al partido, al reloj y a sí misma.
