OPINIÓN DE LA DRA. Y PROF. ANDREA VALIENTE (Dra. en Derecho y Ciencias Sociales. Diplomada en Derecho Deportivo / Género y Políticas Públicas. Máster Internacional en Derecho del Fútbol SLI)
En junio de 2025, la FIFA anunció modificaciones al procedimiento de su Cámara de Compensación —un mecanismo activo desde noviembre de 2022— mediante el cual asume el control y gestión de los pagos de indemnización por formación y de las contribuciones de solidaridad a favor de los clubes formadores a nivel mundial.
Las autoridades responsables elogiaron el nuevo sistema, calificándolo de innovador, justo y completamente transparente. Sin embargo, resultó llamativa la revelación de que en dos años de funcionamiento solo se había efectuado un único pago (a un club francés), lo cual pone en entredicho la eficacia real de una plataforma diseñada para proteger los derechos de los clubes formadores.
Tras la presentación de estas cifras, el panel abrió el turno de intervenciones de representantes de la Asociación de Clubes Europeos (ECA) y del World Leagues Forum (WLF), organizaciones con las cuales la FIFA ha suscrito memorandos de entendimiento para impulsar reformas regulatorias en su ámbito. Ambas instituciones también elogiaron el sistema; pero su estrecha vinculación con los intereses de las grandes Ligas y Clubes invita a preguntarse si la Cámara de Compensación favorece verdaderamente al eslabón más débil de la cadena formativa.
En concreto, Mario Flores, en representación de la ECA, destacó que la FIFA ha asumido tareas que hasta ahora recaían en entidades privadas —como el rastreo y validación de la trayectoria de los jugadores— liberando el sistema a los clubes contratantes de esas responsabilidades. Al respecto, el representante de ECA expresó: “…los clubes ya no tienen esa carga de tener que conocer absolutamente a cada jugador que luego ha tenido éxito a lo largo de su carrera profesional, es que esa carga de trabajo no era factible…”.
Si se realiza una lectura comprensiva de esta declaración aparentemente inocua, revela el auténtico beneficiario: el nuevo club que adquiere los derechos federativos de los jugadores a través de un pago, que ahorran costos y trámites; mientras que los clubes formadores se ven obligados a transitar por un procedimiento engorroso y burocrático para contar con la orden de pago a su favor.
De este modo, el sistema lejos de equilibrar el poder entre clubes formadores y clubes compradores de derechos federativos, parece allanar el camino a quienes se benefician del talento joven brindado por clubes formadores. Si las cifras que efectivamente se han pagado permanecen tan exiguas, ¿hasta qué punto puede hablarse de un mecanismo eficaz y equilibrado? La supuesta transparencia se convierte entonces en una fachada: una herramienta reglamentaria que consolida, más que corrige, las asimetrías históricas del fútbol profesional a costa del fútbol amateur.
(La referencia al masculino genérico comprende al género femenino u otro en forma indistinta)
