
Colombia sigue adelante en el Mundial. En el Kansas City Stadium, con arbitraje del francés Clément Turpin, la selección cafetera derrotó 1 a 0 a Ghana por los 16avos de final y se metió entre los 16 mejores del torneo. El único gol del partido lo marcó Jhon Arias, a los 14 minutos, tras asistencia de Luis Suárez.
No fue una noche de brillo absoluto, pero sí de esas que también construyen campañas importantes. Colombia pegó temprano, administró la ventaja y después tuvo que jugar con la madurez que exige una llave mundialista: orden, concentración y paciencia para no regalarle a Ghana la posibilidad de volver al partido.
El gol de Arias le dio a Colombia una tranquilidad inicial que terminó siendo decisiva. Con la ventaja, el equipo de Néstor Lorenzo pudo manejar mejor los tiempos, apoyado en su mediocampo y en la capacidad de Luis Díaz para exigir siempre por afuera. No le sobró contundencia para liquidarlo, pero sí tuvo argumentos para sostener el resultado.
Ghana, que había llegado a esta instancia como una de las mejores terceras del Grupo L, intentó reaccionar, pero le costó encontrar claridad. Fue un equipo duro, físico, que no se entregó nunca, aunque pocas veces logró incomodar realmente a Camilo Vargas. Sus mejores intentos aparecieron por empuje más que por juego, y Colombia defendió con firmeza cada vez que el partido se le empezó a ensuciar.
El trámite tuvo pierna fuerte, cortes, discusiones y mucho desgaste. No fue un partido cómodo para Colombia, porque Ghana lo llevó al terreno de la fricción y lo obligó a competir hasta el último minuto. Pero ahí también estuvo parte del mérito cafetero: no desesperarse, no partirse y entender que, en esta etapa del Mundial, a veces ganar 1 a 0 vale tanto como golear.
Colombia venía de una muy buena fase de grupos, en la que venció a Uzbekistán y a República Democrática del Congo, y empató con Portugal. Ghana, en cambio, había avanzado desde un grupo complicado, con Inglaterra, Croacia y Panamá, y se despidió dejando una imagen competitiva, aunque sin la profundidad necesaria para torcer la historia.
Ahora Colombia enfrentará a Suiza en octavos de final, en otro cruce que promete ser cerrado y táctico. Llega con confianza, con una racha que se sostiene y con la sensación de que sabe sufrir cuando el partido lo pide.
No fue una victoria espectacular. Fue una victoria mundialista. Y de esas, en estas instancias, no se piden explicaciones: se celebran.
