
Croacia no estaba para lujos. Llegaba golpeada después de la derrota ante Inglaterra, obligada a ganar y con el peso de saber que otro tropiezo podía dejarla demasiado cerca de una despedida temprana. Y en ese contexto, ante Panamá, hizo lo que tenía que hacer: ganó.
Fue 1 a 0, sin brillo, sin una actuación arrolladora y sin demasiado margen de tranquilidad, pero con el valor enorme de tres puntos que la mantienen viva en el Grupo L del Mundial.
El partido fue más trabado que cómodo para Croacia. Tuvo más oficio, más manejo y más nombres, pero le costó transformar esa superioridad en dominio real. Panamá, como ya había mostrado ante Ghana, volvió a competir desde el orden, la intensidad y la entrega, tratando de cerrar espacios y buscar alguna salida rápida para incomodar.
La diferencia apareció en el segundo tiempo, cuando Ante Budimir marcó a los 54 minutos y rompió un partido que venía cerrado. El gol le sacó una mochila enorme a Croacia, que necesitaba convertir para acomodarse emocionalmente en una noche cargada de presión.
A partir de ahí, los europeos intentaron manejar el partido con experiencia. No lo liquidaron, y eso le dio vida a Panamá hasta el final. El equipo centroamericano empujó, buscó con centros, pelota quieta y coraje, pero le faltó claridad en los últimos metros para transformar ese esfuerzo en empate.
Croacia terminó defendiendo un triunfo corto, de esos que no enamoran pero valen muchísimo. Porque en un Mundial no siempre se puede jugar bien; a veces hay que saber sufrir, sostenerse y ganar como sea.
También fue una noche especial para Luka Modrić, que llegó a los 200 partidos con la camiseta de su selección. Un número enorme para un futbolista que representa como pocos a una generación croata que hizo historia y que todavía intenta estirar su ciclo competitivo.
Para Panamá, en cambio, el golpe fue durísimo. Volvió a competir, volvió a dejar la sensación de ser un rival incómodo, pero se quedó otra vez sin premio. Con dos derrotas, su camino en el Mundial quedó sentenciado.
Croacia, por su parte, respira. No resolvió todos sus problemas, ni mucho menos. Pero ganó el partido que tenía que ganar. Y cuando una selección con tanta experiencia logra seguir con vida, nadie puede descartarla del todo.
