
No todo es lo mismo. No todos son iguales. En cada edición, el Cruce del Río Uruguay genera nuevas sensaciones por distintos motivos: por ser parte de la historia, por el reencuentro, por buscar el resultado, y también por vencer miedos.
¿Quién no ha envidiado alguna vez, desde la costa o desde una lancha, a esos nadadores que se tiran al agua y, brazada a brazada, avanzan en busca de su objetivo? ¿Quién no ha imaginado, aunque sea por un instante, cómo sería vivir esa experiencia?
Por eso, el Cruce del Río que se vivirá esta tarde será especial. Porque para muchos, marcará un mojón importante en sus vidas. Será el haber vencido el miedo y darse la oportunidad de concretar aquello que soñaron durante años y nunca se animaron a hacer.
Silvana Álvarez y Fernando Artía decidieron que este año su rol no sería competir, sino ayudar a vencer los miedos de quienes tantas veces soñaron con cruzar el río y fueron postergando ese desafío por distintos motivos.
Serán siete los primerizos que estarán acompañados por estos dos experimentados nadadores. Siete personas —una de ellas de Tacuarembó— que fueron seleccionadas luego de una serie de evaluaciones realizadas en las últimas semanas y que resultaron aptas para vivir una experiencia que es mucho más que dar brazadas.
Porque se trata de vencer miedos, de estar bien física y mentalmente para alcanzar el objetivo. Se trata de superar obstáculos, regular energías y evitar que gane la ansiedad. Se trata, en definitiva, de escribir una página enorme e indescriptible en la vida de cada uno de estos soñadores.
“Siempre me gustó ver a los nadadores. Y hace cuatro años decidí que no solo quería ver: quería sentir y vivir el deporte”, contó Andrea Innella, una de las nadadoras que afrontará hoy el Cruce del Río, en diálogo con Chicos las Pelotas.
No lo dudó: “Empecé a nadar en la Plaza de Deportes, me fui entusiasmando y el año pasado iba a hacer el cruce, pero no se dio”.
Este año, el deseo se renovó. “Empecé a ir al balneario. Somos unos cuantos compañeros que nos incentivamos entre todos, pero siempre tuve esa duda: ¿podré?, ¿llegaré? Y surgió la iniciativa de Fernando y Silvana. Nos arrimamos al club y nos recibieron genial. Nos evaluaron en el agua, anímicamente, y nos dieron charlas y consejos”.
Hasta que llegó el día. “Estoy deseando que llegue el momento”, aseguró Andrea, seguramente atravesada por esa ansiedad lógica de estar cada vez más cerca de escribir una página importante en su vida.
“Tengo 63 años y es súper desafiante para mí. Pero ya no tengo tiempo para dudas”, dejó en claro.
Hoy competirán los que tienen muchísima experiencia. Los que ya saben lo que es ganar. Los que cruzan el río cada vez que el Club Remeros celebra un nuevo aniversario. Pero también estarán ellos, podría decirse que “los de a pie”: los que representan a un montón de gente que imagina, sueña y todavía no se anima a dar el gran salto.
Porque el Cruce del Río no es solo una competencia. Es una decisión. Es animarse. Es mirar el agua, escuchar las dudas y, aun así, tirarse. Esta tarde no todos buscarán ganar. Algunos buscarán algo mucho más grande: demostrarse que pueden. Y cuando pisen la otra orilla, el río Uruguay -que será testigo de brazadas, de esfuerzo e historias que no figuran en los resultados- no habrá sido el único que quedó atrás.


