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Mundial 2026

El fracaso también tiene precio

Last updated: julio 9, 2026 2:43 pm
Chicos las Pelotas
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Uruguay quedó afuera del Mundial en la fase de grupos y la palabra apareció rápido: fracaso. Por historia, por camiseta, por expectativa y por el golpe que significó despedirse tan temprano, el término empezó a repetirse casi de inmediato.

Y no está mal discutirlo. La Celeste no cumplió el objetivo mínimo. No avanzó. Se fue antes de lo esperado en un grupo que en lo previo era accesible, aunque es discutible. Con una selección como Uruguay, que carga con historia, tradición mundialista y una exigencia propia, la eliminación duele y obliga a mirar hacia adentro.

Pero el Mundial también dejó otra pregunta sobre la mesa: ¿fracasar es solo quedar afuera en la fase de grupos? ¿O también fracasan las selecciones que invierten mucho más, tienen planteles repletos de figuras mundiales en serio y apenas sobreviven uno o dos partidos más?

Porque si Uruguay fracasó, ¿qué queda para otros?

La comparación no busca tapar la eliminación celeste. Uruguay debe hacerse cargo de su Mundial. Y las explicaciones están sobre la mesa para quien las quiera ver. Pero el análisis cambia cuando se pone todo sobre la balanza: sueldo de entrenadores, valor de planteles, nombres propios, expectativa previa y resultado final.

Y los números ayudan a tomar dimensión.

MIRÁ VOS…

Según el ranking publicado por Finance Football, Carlo Ancelotti llegó al Mundial como el entrenador mejor pago del torneo: 10 millones de euros anuales en Brasil. Julian Nagelsmann figuraba segundo, con 7 millones de euros al frente de Alemania. Mauricio Pochettino aparecía tercero, con 6 millones de euros en Estados Unidos. Thomas Tuchel, en Inglaterra, con 5,8 millones. Roberto Martínez, en Portugal, con 4 millones. Didier Deschamps, en Francia, con 3,8 millones.

Marcelo Bielsa tampoco era un técnico barato. En Uruguay, diferentes publicaciones lo ubicaron dentro del grupo de los entrenadores mejor remunerados del Mundial, con un salario cercano a los 4 millones de dólares anuales. Es decir: la Celeste también hizo una apuesta fuerte por su conducción técnica. Pero, no precisamente para pisar fuerte en el Mundial, sino mirando a futuro.

Pero donde la diferencia se vuelve más grande es en los planteles. En los jugadores. En quienes son, digan lo que digan, los que definen los partidos.

Transfermarkt valuó a Portugal en 1.010 millones de euros. Alemania, en 947 millones. Brasil, en 928,2 millones. Países Bajos, en 754,2 millones. Estados Unidos, en 385,6 millones. Croacia, en 387,3 millones. Ecuador, en 368,7 millones. Uruguay, en cambio, figuraba con un plantel estimado en 359,3 millones de euros.

Ahí la discusión cambia.

EL VALOR DE LA REALIDAD

Uruguay se fue en fase de grupos con un plantel importante, sí, pero bastante lejos del valor de las grandes potencias. Brasil tenía una plantilla valuada en casi tres veces más. Alemania también. Portugal superaba los mil millones. Países Bajos duplicaba largamente a la Celeste. Y varios de ellos se fueron apenas uno o dos partidos después.

En la primera fase quedaron eliminados Uruguay, República Checa y Corea del Sur, tres selecciones que, en los papeles, tenían argumentos para avanzar. El golpe celeste fue fuerte porque ni siquiera logró meterse entre los 32 que siguieron en carrera. Fue una despedida seca, sin margen para maquillarla.

Pero apenas una ronda después empezaron a caer camisetas con peso.

En dieciseisavos de final quedaron afuera Alemania, Países Bajos, Croacia y Ecuador, entre otras selecciones con nombre, plantel o expectativa. Duraron un partido más que Uruguay. Solo uno.

Alemania es uno de los ejemplos más fuertes. Cuatro veces campeona del mundo, con un plantel de 947 millones de euros y un entrenador de 7 millones de euros anuales, quedó afuera en el primer cruce, por penales ante Paraguay. No llegó a octavos. No llegó a cuartos. No llegó a nada de lo que Alemania suele exigirse.

Y cuando Alemania se va tan temprano, no alcanza con decir que pasó la fase de grupos. Alemania no juega un Mundial para superar la primera etapa y despedirse enseguida. Alemania juega para estar arriba. Por historia, por estructura, por inversión y por nombres, su vara es otra.

Países Bajos también se fue en dieciseisavos. Una selección de renombre, con futbolistas instalados en la elite europea y un plantel valuado en 754,2 millones de euros. El doble largo del valor de Uruguay. Su Mundial duró apenas un partido más.

Croacia, que venía de ser finalista en 2018 y tercera en 2022, también quedó por el camino demasiado rápido. Tal vez no con el mismo peso económico de Brasil, Alemania o Portugal, pero sí con un ciclo mundialista enorme, una generación reconocida y una historia reciente que la obligaba a competir más arriba. La caída en dieciseisavos marcó un cierre duro para una etapa brillante.

Ecuador también se fue en esa ronda. Su plantel, valuado en 368,7 millones de euros, estaba en una línea parecida a la de Uruguay. Y aunque su historia mundialista no tiene el peso de la Celeste, su presente sí invitaba a pensar en algo más. La eliminación temprana también dejó sabor amargo.

Después llegó la otra línea de caídas: los que duraron dos partidos más que Uruguay.

Ahí aparece Brasil. El caso más pesado de todos.

El pentacampeón del mundo, candidato casi automático en cada Copa, llegó con Carlo Ancelotti como entrenador, el técnico mejor pago del Mundial, con 10 millones de euros anuales. Además, su plantel fue valuado en 928,2 millones de euros. Una selección repleta de nombres de elite, futbolistas en clubes gigantes, historia, inversión y obligación.

Brasil quedó afuera en octavos ante Noruega. Duró dos partidos más que Uruguay. Nada más.

Y si para Uruguay irse en fase de grupos es fracaso, para Brasil no meterse entre los ocho mejores también lo es. Incluso con más peso. Porque Brasil no juega los Mundiales para hacer una campaña aceptable. Brasil los juega para ganarlos.

Portugal también se fue en octavos. Otro plantel enorme: 1.010 millones de euros, el más alto entre los eliminados mencionados. Futbolistas de primer nivel mundial, experiencia, recambio, jerarquía y Roberto Martínez, un entrenador ubicado en el grupo de los mejor pagos del torneo, con 4 millones de euros anuales.

No alcanzó. Portugal tampoco llegó a cuartos.

Estados Unidos tuvo otra clase de presión. No tiene la historia de Brasil, Alemania o Portugal, pero jugaba en casa, venía preparando este ciclo desde hacía años y apostó fuerte por Mauricio Pochettino, tercero en la lista de entrenadores mejor pagos, con 6 millones de euros anuales. Su plantel estaba valuado en 385,6 millones de euros, por encima del uruguayo.

Pasó un cruce más, sí. Pero terminó goleado por Bélgica en octavos. Para un anfitrión, con proyecto, inversión y expectativa, también fue un golpe duro.

México, otro local, volvió a chocar contra su propio techo. Tenía el apoyo de su gente, la presión de jugar en casa y la necesidad de dar el salto en un Mundial ampliado. Avanzó más que Uruguay, pero se fue en octavos, otra vez antes de meterse entre los ocho mejores. En términos de ilusión, también quedó corto.

Colombia se despidió por penales ante Suiza. Paraguay cayó ante Francia después de haber dado el golpe ante Alemania. Son casos distintos, con lecturas diferentes, pero también muestran que el Mundial fue dejando heridos en todos los niveles.

Por eso la palabra fracaso necesita contexto.

Uruguay falló. Eso no se discute. Quedarse afuera en fase de grupos fue un golpe deportivo fuerte, más todavía con Bielsa en el banco y con una generación que tenía nombres para competir mejor. La Celeste no puede mirar para el costado ni conformarse con decir que a otros también les fue mal.

Pero tampoco se puede analizar el Mundial como si Uruguay hubiera sido la única selección que quedó por debajo de lo esperado.

Alemania duró un partido más, con un plantel de 947 millones de euros y un técnico de 7 millones. Países Bajos duró un partido más, con un plantel de 754,2 millones. Brasil duró dos partidos más, con una plantilla de 928,2 millones y el entrenador más caro del torneo. Portugal duró dos partidos más, con una plantilla de 1.010 millones. Estados Unidos duró dos partidos más, siendo local y con Pochettino cobrando 6 millones de euros anuales.

La diferencia en partidos jugados fue mínima. La diferencia en inversión, enorme.

Ese es el punto. A Uruguay hay que exigirle. Y mucho. Pero si se habla de fracaso, hay que mirar también cuánto costó cada fracaso. Porque no todos los golpes pesan igual, ni todos parten desde el mismo lugar.

Uruguay se fue demasiado pronto. Pero otros se fueron apenas después, con bastante más en la mochila.

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