Lanús conquistó la Recopa Sudamericana en una final de alto voltaje. En el partido de vuelta derrotó 3-2 a Flamengo en el mismísimo Maracaná y selló la serie con un global de 4-2, en una noche de tensión máxima, goles, penales y definición en el alargue.
No fue una consagración sencilla. Fue trabajada. Fue sufrida. Fue de equipo que sabe competir finales.
En el desarrollo del encuentro, Lanús golpeó primero con R. Castillo a los 29 minutos, adelantándose en el marcador y marcando el ritmo emocional de la final. Flamengo respondió desde el punto penal: Giorgian De Arrascaeta igualó a los 37’, también por esa vía.
La segunda mitad mantuvo la intensidad. Flamengo volvió a convertir de penal a través de Jorginho a los 85’, forzando la prórroga y llevando la definición a un escenario límite. Allí apareció el temple del conjunto argentino.
En el tiempo suplementario, cuando el desgaste físico ya era evidente, Lanús encontró el premio a su insistencia: J. Canale a los 118’ y D. Aquino a los 120’+2 liquidaron la historia. Dos golpes en el cierre que definieron una final vibrante.
Lanús no ganó por dominio absoluto. Ganó por sostener convicción cuando el partido se quebraba. Supo resistir los penales en contra, manejar los tiempos y golpear en el momento justo. En finales de este calibre, el control emocional suele ser determinante.
Flamengo compitió, tuvo reacción y llevó la serie al límite. Pero Lanús fue más eficaz en los momentos decisivos. Y en la Recopa, los momentos pesan.
El título confirma un proceso competitivo consolidado y le da al equipo argentino una nueva página internacional. Fue una final intensa, cambiante y definida en el alargue. De esas que exigen personalidad.
Lanús levantó la Recopa. Y la levantó con carácter.

