
Uruguay volvió a fallar en un partido que tenía que ganar. La Celeste empató 2 a 2 con Cabo Verde en Miami, por la segunda fecha del Grupo H del Mundial 2026, y quedó en una situación incómoda, de esas que no admiten maquillaje: ahora deberá enfrentar a España con la obligación de ganar si quiere clasificar sin depender de nadie.
El resultado duele por la tabla, pero también por la forma. Porque Uruguay tuvo el partido en sus manos, lo dio vuelta antes del descanso y después volvió a complicarse solo. Otra vez apareció la sensación de equipo impreciso, nervioso, capaz de empujar, pero sin la claridad necesaria para imponer diferencias ante un rival que volvió a demostrar que no llegó al Mundial para mirar de lejos.
Cabo Verde pegó primero. A los 21 minutos, Kevin Pina ejecutó un tiro libre potente, la corta barrera celeste de dos jugadores (el golero pidió tres) se abrió y la pelota terminó en el arco de Fernando Muslera, que pareció reaccionar tarde. Fue un gol evitable, demasiado evitable, que volvió a poner a Uruguay en una situación de urgencia.

Hasta ese momento, la Celeste había tenido más pelota y mayor presencia en campo rival, pero sin profundidad. Mucha intención, poca precisión. Federico Valverde había tenido una clara tras una buena corrida de Agustín Canobbio, pero el remate se fue ancho. Y el volante del Madrid lo sintió. Después, el golpe de Cabo Verde cambió el clima del partido.
Uruguay sintió el impacto, perdió serenidad y durante varios minutos jugó más contra sus propios nervios que contra el rival. Pero en el cierre del primer tiempo encontró una reacción que parecía encaminar la noche. A los 44 minutos, Maximiliano Araújo apareció atento tras una pelota que dio en el palo y puso el 1-1 de cabeza.
Y cuando el primer tiempo se moría, llegó el 2-1. Centro desde la derecha, Araújo ganó en el área y bajó la pelota para que Canobbio definiera de primera. Uruguay se fue al descanso arriba, con alivio y con la sensación de haber escapado de un problema grande.

Pero el segundo tiempo mostró que el problema seguía ahí.
La Celeste no logró sostener el control emocional ni futbolístico del partido. Tuvo más pelota, sí, pero volvió a jugar demasiado lejos de la contundencia que exige un Mundial y que, justo es decir, Uruguay no tiene. Pero, como contrapartida, había logrado convertir en dos ocasiones.
Pero a los 60 minutos, un error enorme en salida, en un lateral a favor en campo celeste, terminó en el empate de Cabo Verde. Mathías Olivera recibió y quiso jugar hacia adentro, Hélio Varela robó, aprovechó la salida desesperada de Muslera, y marcó el 2-2 sin que Cáceres, que había dudado entre salir a cortar o correr al arco, pudiera llegar a la pelota.
Fue un golpe durísimo. No solo por el gol, sino por lo que significó: Uruguay le regaló vida a un rival que estaba esperando una oportunidad para volver al partido.

Bielsa mandó a la cancha a Darwin Núñez y Nicolás De la Cruz, luego ingresó Brian Rodríguez, y Uruguay buscó el tercero con más empuje que claridad. Hubo un gol anulado a Maxi Araújo por fuera de juego milimétrico, un tiro libre de Valverde que pasó cerca, alguna aparición de Darwin por velocidad y un cierre cargado de centros, nervios y desesperación.
Se crearon posibilidades de gol. A corazón, con poco fútbol. Pero no alcanzó.
Cabo Verde resistió, sacó todo lo que pudo sacar, defendió con orden y también tuvo momentos para asustar. No fue un equipo brillante, pero sí competitivo, convencido y duro de quebrar. Ya le había sacado un empate a España y ahora volvió a sumar ante Uruguay. Para un debutante mundialista, no es poca cosa.

Para Uruguay, en cambio, el saldo es preocupante. O quizá también signifique un baño de realidad con respecto al nivel individual.
Dos partidos, dos empates, dos rivales que en la previa parecían accesibles y una clasificación que ahora quedó atada a una final incómoda contra España.
El Grupo H quedó con España arriba con cuatro puntos, Uruguay y Cabo Verde con dos, y Arabia Saudita con uno. La última fecha tendrá a la Celeste frente a España en Guadalajara, mientras que Cabo Verde jugará contra Arabia Saudita.

Las cuentas existen, pero no pueden tapar lo evidente: Uruguay se metió solo en este lío. Empató con Arabia Saudita, no pudo ganarle a Cabo Verde y ahora deberá buscar ante España lo que no fue capaz de asegurar antes.
En un Mundial no se vive de merecimientos ni de historia. Se vive de respuestas. Y Uruguay, por ahora, no las encontró. La Celeste sigue con vida, pero quedó contra las cuerdas.

