
A pocos días del comienzo de la Copa del Mundo 2026, los problemas migratorios y las tensiones geopolíticas ya comenzaron a golpear al torneo. Mientras el delantero estrella de Irak, Aymen Hussein, fue retenido durante casi siete horas en un aeropuerto estadounidense antes de recibir autorización para ingresar al país, la selección de Irán debió trasladar definitivamente su concentración a México en medio de las dificultades para obtener visas.
El episodio que involucró a Hussein ocurrió tras la llegada de la delegación iraquí al Aeropuerto Internacional O’Hare de Chicago. Según informó Reuters citando fuentes del Comité Olímpico Iraquí, el atacante fue apartado del resto del plantel y sometido a un extenso interrogatorio por parte de las autoridades migratorias estadounidenses.

El futbolista permaneció retenido durante casi siete horas y también fue inspeccionado su teléfono celular. Finalmente, recibió la autorización para ingresar al país y pudo reincorporarse a la concentración de su selección.
La situación no terminó allí para Irak. El fotógrafo oficial del equipo, Talal Salah, fue interrogado durante más de diez horas y terminó siendo rechazado por las autoridades migratorias, por lo que no podrá acompañar a la delegación durante el Mundial.
Hasta el momento, las autoridades estadounidenses no han brindado explicaciones oficiales sobre los motivos de los controles. Diversos medios de Medio Oriente señalaron que el procedimiento podría haberse originado por una confusión de identidad, aunque esa versión no fue confirmada oficialmente.
Irán jugará en Estados Unidos, pero vivirá en México
La situación de Irán es todavía más compleja. La selección persa ya se instaló en Tijuana, donde desarrollará toda su preparación durante el Mundial, luego de abandonar el plan inicial que contemplaba concentrarse en Arizona.
La decisión fue aprobada por FIFA y confirmada por la propia federación iraní semanas atrás. El equipo llegó este domingo a territorio mexicano y utilizará esa ciudad fronteriza como base operativa para afrontar el torneo.

Detrás del cambio aparecen los problemas de visado derivados del conflicto diplomático y militar que mantienen Estados Unidos e Irán. Si bien los futbolistas finalmente obtuvieron autorización para ingresar al país anfitrión, al menos 15 integrantes de la delegación no recibieron el permiso correspondiente, entre ellos el presidente de la Federación Iraní de Fútbol, Mehdi Taj.
Además, distintos medios internacionales aseguran que los jugadores iraníes habrían recibido visas extremadamente restrictivas que únicamente les permitirían ingresar a Estados Unidos durante los días de partido. Según esas versiones, el plantel debería cruzar la frontera desde México para cada encuentro y abandonar territorio estadounidense una vez finalizada la actividad.
Esa información fue difundida por representantes diplomáticos iraníes y recogida por varios medios internacionales, aunque hasta el momento no existe una confirmación oficial por parte del gobierno estadounidense sobre esas condiciones específicas.
Lo que sí está confirmado es que Irán ya no tendrá su base en Estados Unidos y que disputará el Mundial desde México, una situación inédita para una selección que deberá jugar sus partidos en suelo estadounidense mientras concentra y entrena fuera del país organizador.
Cuando todavía no se ha disputado un solo encuentro, el Mundial 2026 ya comienza a reflejar que la política internacional, las restricciones migratorias y los conflictos geopolíticos también juegan su propio partido.
