
Portugal necesitaba una respuesta y la encontró rápido. Después del empate en el debut ante República Democrática del Congo, el equipo de Roberto Martínez tenía que ganar, pero sobre todo tenía que despejar esa sensación de selección pesada, con nombres enormes pero sin demasiado vuelo. Y ante Uzbekistán no dejó lugar a la discusión: goleó 5 a 0, jugó con autoridad y acomodó su camino en el Grupo K.
El partido se abrió casi desde el vestuario, con Cristiano Ronaldo apareciendo a los 6 minutos para poner el 1 a 0. Fue un gol importante para Portugal y también para él, porque volvió a quedar metido en la historia grande: marcó en su sexto Mundial, algo que ningún futbolista había logrado hasta ahora.
El golpe tempranero le dio tranquilidad a Portugal y le quitó margen a Uzbekistán, que intentó sostenerse desde el orden pero enseguida quedó demasiado lejos del ritmo portugués. A los 17, Nuno Mendes amplió la diferencia con un tiro libre y empezó a encaminar una tarde que ya tenía dueño.
Portugal fue superior en intensidad, en circulación y, sobre todo, en jerarquía. No necesitó una versión arrolladora durante los 90 minutos, porque la diferencia individual le alcanzó para ir rompiendo el partido cada vez que aceleró. Antes del descanso, Cristiano volvió a aparecer para el 3 a 0 y terminó de apagar cualquier intento de reacción.
Uzbekistán, que venía de complicarle algunos pasajes a Colombia en el debut, esta vez no pudo sostener la resistencia. Le costó defender cerca del área, sufrió cada ataque por afuera y terminó pagando demasiado caro cada desajuste. El autogol de Nematov en el complemento fue el reflejo de una tarde torcida, de esas en las que todo empieza mal y se hace cada vez más cuesta arriba.
Sobre el final, Rafael Leão puso el 5 a 0 y cerró una goleada que Portugal necesitaba por los puntos, pero también por la confianza. Porque más allá del rival, el equipo luso mostró otra cara: fue directo, efectivo y no se dejó enredar en un partido que podía volverse incómodo si demoraba demasiado en abrirse.
Cristiano, otra vez, quedó en el centro de la escena. Ya no corre como antes, ya no participa de la misma manera, pero sigue teniendo algo que no se compra ni se entrena: olfato para aparecer cuando la historia mira. Y Portugal, con una generación cargada de talento alrededor, entendió que si logra conectar esa jerarquía con funcionamiento, puede ser mucho más que un equipo de nombres.
Ante Uzbekistán, al menos, dio el paso que tenía que dar. Ganó, goleó y volvió a parecerse a una selección capaz de pelear cosas importantes.
