
No hubo rivales internacionales ni partidos de preparación. Tampoco una despedida tradicional. A pocos días de emprender viaje rumbo al Mundial 2026, la selección uruguaya eligió encontrarse con quienes representan el futuro del fútbol: los niños.
El estadio Emilio «Tito» López de Pando fue escenario este viernes de una jornada inolvidable para cientos de gurises que tuvieron la posibilidad de compartir la cancha con los futbolistas de la selección dirigida por Marcelo Bielsa.

Las entradas para el evento se agotaron rápidamente y las tribunas lucieron colmadas. Más de 3.500 personas acompañaron desde las gradas, mientras unos 600 niños pertenecientes a clubes de baby fútbol de diferentes puntos de Canelones ingresaron al campo de juego para vivir una experiencia difícil de olvidar.
Muchos llegaron con camisetas para firmar, otros con figuritas, banderas o simplemente con la ilusión de poder estrechar la mano de alguno de sus ídolos. Los futbolistas celestes fueron recibidos entre aplausos, gritos y una emoción que se sintió desde el primer momento.
La actividad estuvo lejos de ser una simple exhibición. Los jugadores participaron en distintos juegos junto a los niños, compartiendo ejercicios recreativos, pequeños partidos y desafíos pensados especialmente para que los más chicos disfrutaran de una mañana diferente.

Incluso Marcelo Bielsa, habitualmente distante de los focos, siguió atentamente toda la actividad desde un costado del campo de juego, observando cómo sus futbolistas compartían un momento especial con quienes los admiran desde las tribunas y las canchas de baby fútbol.
Uno de los momentos más emotivos llegó cuando el capitán José María Giménez tomó la palabra ante los presentes.
“Muchísimas gracias a todos los niños que nos acompañan en este evento tan lindo que nos llena el alma. La alegría de los niños es nuestra alegría”, expresó el defensor, recibiendo una ovación de las tribunas.

Durante más de media hora, la selección dejó de lado la presión mundialista para transformarse en un grupo de futbolistas jugando con niños. Hubo sonrisas, abrazos, carreras, pelotazos, fotos y cientos de autógrafos que terminaron convirtiéndose en auténticos tesoros para los pequeños protagonistas de la jornada.
La actividad contó con la presencia de gran parte del plantel celeste, aunque hubo dos ausencias destacadas. Giorgian de Arrascaeta no participó debido al desgarro en el gemelo sufrido durante la preparación para el Mundial, lesión que lo mantendrá varias semanas fuera de las canchas. Tampoco estuvo Ronald Araújo, quien atraviesa un cuadro febril acompañado por una leve sobrecarga muscular, por lo que permaneció al margen de la actividad.
La jornada formó parte de las despedidas organizadas por la Asociación Uruguaya de Fútbol y la Intendencia de Canelones antes de la partida de la delegación hacia Playa del Carmen, México, donde Uruguay instalará su centro de operaciones para afrontar la Copa del Mundo.

Mientras la cuenta regresiva para el debut sigue avanzando, la Celeste vivió una mañana distinta. Una jornada en la que el resultado no importó, donde los protagonistas fueron los niños y donde el fútbol volvió a demostrar que también puede ser cercanía, inspiración y sueños.
Porque antes de buscar la gloria en el Mundial, Uruguay decidió regalarles un recuerdo imborrable a cientos de gurises que, por un rato, pudieron compartir la cancha con los futbolistas que representan la ilusión de todo un país.
