
Durante décadas, el entretiempo de una final del Mundial sirvió para que los jugadores descansaran, los entrenadores corrigieran detalles y los hinchas respiraran antes de otros 45 minutos de tensión.
En 2026 todo cambió. La FIFA organizó por primera vez un espectáculo musical durante el descanso de una final mundialista y dejó en claro hacia dónde pretende llevar su principal competencia: el fútbol continuará siendo el centro, pero alrededor habrá un producto cada vez más parecido al Super Bowl.
La final que España le ganó 1 a 0 a Argentina tuvo un entretiempo completamente diferente a todos los anteriores.
Madonna, Shakira, Justin Bieber y BTS encabezaron un espectáculo que reunió artistas de diferentes estilos y lugares del mundo. También participaron Burna Boy, el director de orquesta venezolano Gustavo Dudamel, Chris Martin y Coldplay, el coro infantil PS22 y los Muppets.
La presentación artística tuvo una duración cercana a los 11 minutos, aunque el descanso completo se extendió durante 27. Eso obligó a los futbolistas de España y Argentina a permanecer mucho más tiempo de lo habitual en los vestuarios antes de regresar al campo de juego.

No fue un detalle menor. En un partido de máxima exigencia, con futbolistas que habían disputado 45 minutos al límite y que debían volver a entrar en calor, el espectáculo modificó una parte tradicional del juego.
Pero la FIFA ya había tomado una decisión: por primera vez, el descanso de la final también debía convertirse en un acontecimiento.
Madonna abrió la presentación con “Music”, acompañada por dos campeones mundiales brasileños: Ronaldo y Ronaldinho.
Luego aparecieron los Muppets, con Gustavo Dudamel al frente de la propuesta musical. BTS interpretó “Dynamite”, Justin Bieber tuvo su momento dentro del espectáculo y Shakira compartió escenario con el nigeriano Burna Boy. El cierre reunió a Chris Martin, Coldplay, el coro PS22 y varios de los artistas que habían participado anteriormente.
La presencia de Shakira volvió a unir su nombre con la Copa del Mundo. La colombiana ya había participado en ceremonias de Alemania 2006, Sudáfrica 2010 y Brasil 2014. Su interpretación de “Waka Waka” quedó asociada para siempre al Mundial sudafricano y terminó convirtiéndose en una de las canciones más reconocidas en la historia del torneo.
Esta vez regresó como una de las figuras centrales del primer espectáculo de entretiempo organizado en una final.

La selección de los artistas no fue casual. Había pop estadounidense con Madonna y Justin Bieber, música latina con Shakira, K-pop con BTS, sonidos africanos con Burna Boy, música orquestal con Dudamel y una presencia infantil mediante el coro PS22.
La intención fue evidente: ofrecer una presentación capaz de llegar a diferentes continentes y públicos.
El espectáculo fue producido por FIFA y Global Citizen, mientras que Chris Martin, líder de Coldplay, trabajó como curador artístico. La propuesta también estuvo vinculada al FIFA Global Citizen Education Fund, un programa destinado a apoyar proyectos educativos y oportunidades deportivas para niños.
Pero no todo fueron elogios. El show recibió opiniones divididas. Algunos destacaron la cantidad y variedad de artistas reunidos en apenas unos minutos. Otros consideraron que la presentación fue demasiado breve, desordenada y alejada de la espectacularidad alcanzada por los mejores entretiempos del Super Bowl.
También hubo quienes entendieron que una final del Mundial no necesitaba una intervención de esas características.
El fútbol, sostienen, ya genera por sí mismo suficiente expectativa, tensión y emoción. Además, el descanso extendido despertó una discusión deportiva. Los jugadores tuvieron que esperar más de lo habitual para regresar al campo y debieron realizar una nueva entrada en calor antes del segundo tiempo.
La FIFA, sin embargo, había dejado clara su intención mucho antes de la final. Gianni Infantino había anunciado que el objetivo era unir fútbol y entretenimiento para crear momentos especiales alrededor del partido más importante del torneo. La idea había tenido un primer ensayo en la final del Mundial de Clubes de 2025 y fue trasladada un año después al escenario más grande.
No parece haber sido una experiencia aislada. La final del Mundial ofrece una audiencia que ningún artista, patrocinador o plataforma quiere desaprovechar. Durante unas horas, cientos de millones de personas alrededor del planeta están pendientes del mismo acontecimiento.

Para la FIFA, ese descanso representa ahora un espacio comercial y cultural demasiado valioso como para dejarlo vacío.
El camino es similar al recorrido por el Super Bowl. En el fútbol americano, el espectáculo de medio tiempo dejó hace años de ser un complemento. Actualmente es uno de los acontecimientos musicales más esperados del calendario y, muchas veces, atrae a personas que no están interesadas en el partido.
La FIFA pretende construir algo parecido. El Mundial 2026 ya había mostrado esa búsqueda antes de la final. Hubo ceremonias, recitales, celebridades, contenidos digitales y una producción pensada para ir mucho más allá de los 90 minutos.
La jornada decisiva también contó con actuaciones previas de Laura Pausini, Nicole Scherzinger, Robbie Williams, Jennifer Hudson y Post Malone, además de presencias de figuras del deporte, el cine y las redes sociales. Esas participaciones no formaron parte del show del entretiempo, pero completaron una final convertida en un enorme festival de entretenimiento.
El cambio plantea una discusión interesante. Por un lado, el espectáculo puede acercar nuevos públicos, ofrecer una experiencia diferente y transformar la final en una celebración mundial. Por otro, corre el riesgo de quitarle protagonismo al partido, modificar los tiempos deportivos y convertir el fútbol en apenas una parte de una producción comercial mucho más grande.
La primera experiencia tuvo aspectos para corregir. La cantidad de artistas obligó a presentar actuaciones muy breves. El montaje fue ambicioso, pero no siempre tuvo continuidad. Y los 27 minutos de descanso resultaron excesivos para un encuentro de semejante importancia.

Sin embargo, la señal fue clarísima: la final del Mundial ya no será solamente el partido que define al campeón.
Será también una ceremonia, un recital, una vidriera comercial y un contenido pensado para las audiencias que consumen música, entretenimiento y redes sociales.
España levantó la Copa, Argentina terminó segunda y Ferran Torres convirtió el gol del título.
Pero durante 27 minutos, los futbolistas debieron entregar el escenario a Madonna, Shakira, Justin Bieber, BTS y compañía. El primer show del entretiempo podrá haber gustado más o menos. Lo que parece seguro es que llegó para quedarse.
