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Historias

Y un día apareció una pelota ovalada: así surgió el rugby en Paysandú

Last updated: julio 13, 2025 2:45 pm
Chicos las Pelotas
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La historia del rugby se inicia en la primera mitad del Siglo XIX, aunque la disciplina recién recaló en Uruguay ya transitada la segunda mitad, de la mano de los ingleses. Pero tuvo que esperar hasta mediados del siglo próximo para comenzar a desarrollarse lentamente, ante la mirada de incrédulos que, en muchos casos, ni siquiera sabían que existía un deporte que se jugaba con una pelota ovalada.

Fue recién en la década de 1950, con Carlos E. Cat como gran impulsor, cuando la disciplina inició su período de crecimiento en nuestro país. Y fue clave la organización de la primera competencia de clubes que, en 1950, contó con la participación de Montevideo Cricket, Carrasco Polo con dos equipos, Old Boys y Colonia Rugby.

Aquel experimento -exitoso, por cierto- fue clave para que el 31 de enero de 1951 se fundara, con Cat a la cabeza, la Unión de Rugby del Uruguay (URU), a la que poco a poco fueron integrándose más clubes.

Pero todavía faltaba mucho para que el rugby germinara con fuerza en Paysandú, la cuna de Trébol.

Un año más tarde, en 1951, hubo una experiencia clave en lares sanduceros para que ello comenzara a gestarse. El 21 de julio de aquel año dos seleccionados de la Unión Uruguaya llegaron a Paysandú presididos por el propio Cat, y conformados por jugadores de Trouville, Old Boys, Montevideo Cricket y Carrasco Polo. El objetivo planteado fue jugar un partido de exhibición en la cancha del por entonces Polo Club, dando a conocer el rugby por estos lados. Y luego enfrentaron a un equipo del Club Remeros local un tiempo cada uno.

En la edición del 24 de julio de aquel año, el diario local informaba que se trató del primer partido «a jugarse en Paysandú», y que fue «el debut de jugadores sanduceros en este nuevo deporte».

La publicación remarcó que se trató de «un debut brillante de los muchachos del Remeros frente a la selección ‘A’ de la Unión», y que «de los 15 componentes del equipo, solo uno había practicado rugby con anterioridad» y que «ni siquiera el resto había visto jugar».

«El equipo sanducero fue una feliz improvisación», remarcó el cronista de la época, dejando en claro el desconocimiento sobre la disciplina en Paysandú, al igual que en el resto del interior del país.

¿Trébol? Todavía habría que esperar.

Así como aquella presencia de dos combinados, A y B, de la Unión de Rugby marcó la primera presencia en serio de la disciplina en Paysandú, la Olimpíada del Músculo y de la Mente llevada a cabo en 1976 fue clave, sin que nadie lo imaginara, para el nacimiento de Trébol.

En el marco de estas actividades deportivas que integraban a Paysandú con la vecina ciudad entrerriana de Colón, aprovechando la inauguración del puente que une a ambas ciudades (el 10 de diciembre de 1975), el domingo 14 de marzo de 1976 se llevó a cabo un partido de exhibición de rugby, nada menos que en el Parque Artigas, el máximo escenario futbolístico de nuestra ciudad.

El partido amistoso (dicen que en realidad tuvo poco de ello) fue protagonizado por Biguá de Colón y un seleccionado conformado por jugadores de Chajarí, Concepción del Uruguay y Concordia. El partido terminó igualado en seis tantos.

La inauguración del puente “General Artigas” llevó a que un bonaerense, José María Areco, dejara Buenos Aires para radicarse en Colón y trabajar como cobrador de peaje. Con veinte y pocos años, tenía la experiencia de haber jugado en Matreros y San Carlos en Buenos Aires, por lo que decidió viajar algunos kilómetros para entrenar con Tacuara de Concepción del Uruguay y así despuntar el vicio. Y luego se sumó a Biguá de Colón.

Para aquel partido amistoso disputado en el Parque Artigas, Areco no fue convocado por Biguá. Pero no podía perderse el encuentro, así que se cruzó el puente y se instaló en la tribuna. Inesperadamente el contador Marcos Mujica, su jefe en el puente, lo vio en el escenario, se le acercó y le pidió que hiciera de referee. Areco aceptó.

A esa altura unos pocos «locos» se habían planteado, sin demasiado éxito, comenzar a desarrollar el rugby en Paysandú. Pero aquel partido resultaría clave.

Es que un periodista de la época, González Cardozo, decidió realizarle una entrevista a Areco para Canal 3. Y esto llevó a que Gerardo Pandolfi, Andés Elhordoy y Gustavo Hummerich, quienes integraban lo que llamaban una Comisión Organizadora de Rugby que trabajaba en silencio buscando adeptos a la disciplina, decidieran ir en búsqueda de Areco para que éste pudiera brindar una charla en la que informara algo fundamental: qué era el rugby.

En una vieja máquina de escribir Olivetti, en la casa de Pandolfi, ubicada sobre calle Colón, la comisión escribió unas 200 invitaciones para ser repartidas entre amigos, y amigos de los amigos, invitando a quienes quisieran incursionar en la disciplina a una reunión en el Club Remeros.

Un 10 por ciento aceptó la invitación. Una veintena de jóvenes se reunieron en esa charla, en la que Areco contó a grandes rasgos de qué se trataba este deporte.

«Yo expliqué lo básico: los gordos son los pilares, los altos los segunda línea, los rápidos los alas wing, el apertura es el pateador, y la pelota se pasa para atrás. Pero dicen que cuando terminé la charla, el pizarrón estaba lleno de rayas», recordó Areco sobre aquella primera reunión.

Así, en los canteros ubicados frente al Club Remeros comenzaron a desarrollarse los entrenamientos. Sin las condiciones básicas pero con una ilusión sorprendente. Incluso se integraron algunos sanduceros que estudiaban y jugaban en Montevideo, que pegaban la vuelta en épocas difíciles del país.

Ese ímpetu llevó a que se decidiera jugar un primer partido, con Areco como capitán y entrenador, sin demasiada organización. Y se cruzó a Colón para enfrentar, en cancha de Defensores, a Biguá. Fue derrota 4 a 0, pero todo salió mejor de lo esperado.

Tras retornar de Colón, donde se jugó con unas simples camisetas blancas que cada jugador debió conseguir, nuevamente el Canal 3 realizó una entrevista sobre la experiencia a uno de los jugadores, en este caso Andrés Elhordoy.

Otra vez la televisión resultaría clave. Tras observar la entrevista, apareció una figura importante: Carlos «Mono» López, exjugador de Cuervos, Trouville y la selección uruguaya, que se había radicado recientemente en Paysandú, se ofreció a ser el técnico de este grupo de amigos, que quedó maravillado.

El grupo estaba algo más organizado. Tenía técnico, y el Club Remeros facilitaba las duchas y los vestuarios a estos jóvenes que soñaban con la idea fija de conformar un equipo en serio.

Por eso se decidió dar un paso más. El grupo estaba afianzado, pero para poder crecer se necesitaba un espacio acorde a las necesidades, lejos de los canteros que habían albergado los primeros sueños.

Lo mejor que pudo conseguirse fue el permiso para entrenar en la cancha de polo, ubicada detrás de los silos que hoy se levantan frente al Paysandú Golf Club. Pero para el grupo era tocar el cielo con las manos.

El hecho de contar con un espacio físico para entrenar significó que los jugadores se plantearan la posibilidad de seguir sumando gente y formar un club. Podría decirse que los cimientos de Trébol se levantaron en dos puntos referentes para la juventud sanducera de la época, tales como el Centro Bar y el Club Paysandú, donde se llevaron adelante las primeras conversaciones al respecto.

Pero fue en el Club Paysandú donde se acordó, en la habitación que estaba ubicada entre la cantina y una cabina telefónica, dar los siguientes pasos. Y se invitó al contador Martín Lussich para poder contener la euforia de los muchachos, y pudiera organizar la cita de otra manera.

Entre otras cosas, fue tiempo de comenzar a pensar qué nombre se le podría poner al equipo. Lussich afirmó que no había nada más representativo de Paysandú que el Postre Chajá, y que se le podrían pedir las camisetas al dueño de la Confitería Las Familias, Orlando Nardini. Pero la idea se cayó en la siguiente reunión: no se podía utilizar publicidad.

Entonces aparecieron dos sugerencias: Pingüinos y Trébol. Y se votó: ganó Trébol, nombre que hacía referencia al denominado trébol de acceso a la ciudad, recientemente inaugurado, y lugar en el que el grupo había entrenado más de una vez. La propuesta presentada por «Lalo» Sorondo fue votada en esa nueva reunión, y aceptada por todos. Ahora sí: Trébol era una realidad.

La primera comisión directiva estuvo integrada por Carlos López como presidente; José María Areco, vicepresidente; Lalo Sorondo, secretario; Gustavo Hummerich, tesorero; y oficiaron como vocales Christian Cussimano y Gerardo Pandolfo. Éste fue elegido democráticamente como capitán del equipo, en dura lucha con Mario Armentano, luego de que Areco fuera el primer capitán.

A todo este movimiento se sumó el aporte de Ramiro Romero, Pablo de María y Esteban Callorda, quienes tenían experiencia por haber jugado en CUPRA de Montevideo.

A esa altura ya se habían jugado un par de partidos ante Tacuara de Concepción (uno de ellos en una vacía cancha de Centenario Uruguayo), y las dos primeras actividades posteriores a la elección del nombre del equipo quedaron marcadas a fuego.

La primera, mandar a confeccionar las camisetas (verdes, de jiulliard) en Gaucho Deportes, una conocida tienda deportiva ubicada en el ya desaparecido Pasaje Laurenzo. La segunda, enfrentar en esa cancha de polo a Banco República en un partido amistoso que, según recuerdan, «fue una masacre porque se había jugado un partido de polo la semana anterior y la cancha era un desastre».

Ese fue el primer partido de Trébol como tal, en 1978, un tiempo después de aquel encuentro con derrota en Colón ante Biguá.

Eso sí: pasarían unos meses para que se vistiera la casaca verde y blanca a rayas horizontales, que llegaría desde Buenos Aires. Uno de los jugadores fue a Argentina con la tarea de comprar las nuevas camisetas, teniendo en cuenta que el cambio favorecía abiertamente. Llamó a sus compañeros para informar cuáles eran los colores disponibles, y fue elegida la camiseta que hoy identifica al club sanducero.

Poco después fue tiempo de que el grupo encontrara su lugar en el mundo: el Paysandú Golf Club. Y la posibilidad se dio ante la necesidad: se pidió al equipo dejar la cancha de polo donde entrenaba y jugaba.

López seguía siendo el entrenador, y tras cinco o seis partidos en aquella cancha, apareció la figura clave de José De María, «Josecho», por entonces presidente del Golf.

De María observaba cómo salían de la cancha de polo muchachos totalmente embarrados, y solo dos o tres, socios de su institución, cruzaban para bañarse en el club.

Así, un día decidió acercarse y convocar a aquellos muchachos a una reunión en el Golf para los próximos 15 días. Cinco de aquellos jugadores fueron de la partida en aquella cita, en la que se les ofreció que el Golf fuera su lugar en el mundo.

Y nadie lo dudó. Así, llegaron al Golf para marcar una cancha, azadas mediante en medio del yuyal y hasta del ganado, detrás de las canchas de tenis y el parrillero de la institución.

Ya con lugar fijo, la idea era poder enfrentar a algún equipo de la capital, pero nadie quería viajar 380 kilómetros para disputar un amistoso. Por lo tanto, se optó por volver a presentarse en Argentina, donde el rugby era ya un deporte popular, con el objetivo de seguir sumando experiencia.

Un aspecto que resultó clave para el crecimiento fue el hecho de que siete jugadores de la selección uruguaya llegaron a Paysandú para estudiar en la Facultad de Agronomía en 1977. Esto permitió no solo que los jugadores de Trébol los convocaran para jugar los miércoles en el Parque Estudiantil, sino que los jugadores que militaban en Cuervos, Old Christians y Carrasco Polo, por ejemplo, comenzaran a dar ideas claras a los sanduceros pensando en un desarrollo sostenido de la institución. Entre ellos estaban Jorge Zerbino, Martín Gortari, Juan José Gari y Pablo Ott.

Así fue que nació una Cuarta División, tomando conciencia que si no había apuesta a los juveniles, seguramente Trébol desaparecería en pocos años.

El plantel definitivamente fue dando pasos hacia delante. Nada fácil, por cierto. Pero pocos años más tarde de que aquel grupo de muchachos comenzara a soñar con afianzar el rugby en Paysandú, en 1978 se comenzó a competir oficialmente en la División Intermedia de los torneos organizados por la URU. Por lo tanto, Trouville, La Cachila, Escuela Naval, CUPRA, Lawn Tennis, comenzaron a competir con el Trébol en régimen de ida y vuelta. 
El debut del Trébol en el Campeonato Uruguayo de Intermedia fue con Lawn Tennis,y ganó el Lawn por 8 a 6. El try de Paysandú lo hizo el wing Julio Rombys y la conversión Gerardo Pandolfi. 

Durante el año 1979 se siguió compitiendo en Intermedia y a la vez se disputaba un Ascenso con los equipos que puntuaban especialmente para este campeonato. 

Ramiro Romero aportó un gran liderazgo al grupo, creando bases muy sólidas para los posteriores viajes que realizaría el Trébol a Paraguay, Chile y Rio de Janeiro. 

La historia dice que en 1985 el equipo sanducero logró el ascenso a Primera al vencer a Champagnat en Young, y al año siguiente debutó de visita ante Cuervos en el círculo de privilegio. Quienes fueron de la partida en aquella experiencia recuerdan que «cinco jugadores nuestros salieron lesionados, y perdimos como por 60 puntos» (el resultado fue en realidad 14 a 4, pero no reflejó la enorme diferencia a favor de los capitalinos).

Un solo año jugó el representante de Paysandú en Montevideo, y a partir de 1987 se formó la Unión de Rugby del Río Uruguay. Trébol fue campeón en 1987, 1988 y el título fue compartido en 1989.

Pero no todo fue color de rosa. En 1990 se disolvió el primer equipo de Trébol, lo que llevó a que durante cinco años solo se trabajara y compitiera en divisionales formativas.

Hasta que los jugadores sanduceros estudiaban en Montevideo y estaban desparramados en diferentes equipos, decidieron hacer caso al corazón y seguir la raíces, para volver a armar un equipo que representara a Trébol en Reserva.

En 1994 se decidió pegar la vuelta a las competencias de la URU, y tres años más tarde Trébol conseguiría el título en Reserva, de manera invicta, lo que permitió jugar el año siguiente por primera vez en Primera División.

Las cosas no fueron fáciles, al punto que solo se ganó un partido, ante Cuervos, en el campeonato.

Pero esa generación fue clave para lo que vendría, nada menos que el afianzarse definitivamente no solo en la disciplina, sino institucionalmente.


Más acá en el tiempo, se trazó un plan estratégico de trabajo que permitió una organización interna más que importante. Y el resto es conocido: el club fue creciendo a pasos agigantados, y pasó a ser referente no solo dentro del rugby del Interior sino de todo el país, siendo tomado como ejemplo además por algunos clubes del Interior de Argentina.

La frutilla de la torta llegó en 2018, cuando Trébol consiguió su primer título uruguayo, uno de los mojones importantes en su historia, que hoy sigue escribiendo día a día de manera inimaginable si se tiene en cuenta sus recientes orígenes. Y, por si fuera poco, volvió a repetir en 2022 para seguir escribiendo páginas con letras enormes de oro en su historial.

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