
Llegar a una Copa del Mundo es el sueño de millones de futbolistas. Conseguirlo ya es una hazaña. Pero cuando ese privilegio se repite de generación en generación, la historia adquiere una dimensión especial.
A lo largo de los casi cien años de historia de los Mundiales, algunos apellidos lograron atravesar décadas y volver a aparecer en las listas de convocados. Padres e hijos que representaron a sus países en la máxima cita del fútbol y construyeron un legado que va mucho más allá de los genes.
El Mundial 2026, que comenzará en pocos días en Estados Unidos, Canadá y México, volverá a tener varios de esos casos que unen distintas épocas bajo una misma pasión.
Maldini, una dinastía irrepetible
Hablar de apellidos mundialistas es hablar de los Maldini.
Cesare Maldini defendió a Italia en Chile 1962 y años más tarde dirigió a la selección en Francia 1998. Su hijo Paolo llevó el apellido a una dimensión legendaria.
Considerado uno de los mejores defensores de todos los tiempos, Paolo disputó cuatro Copas del Mundo: Italia 1990, Estados Unidos 1994, Francia 1998 y Corea-Japón 2002. Fue finalista en 1994 y jugó 23 partidos mundialistas, una cifra que durante años estuvo entre las más altas de la historia.

El orgullo uruguayo: Forlán y Montero
Uruguay también tiene sus historias familiares.
Pablo Forlán integró la selección celeste que participó en Inglaterra 1966. Décadas después, su hijo Diego Forlán se convirtió en una de las grandes figuras de la historia reciente del fútbol uruguayo.
Jugó los Mundiales de Alemania 2006, Sudáfrica 2010 y Brasil 2014, pero fue en Sudáfrica donde alcanzó la inmortalidad. Marcó cinco goles, llevó a Uruguay hasta las semifinales y fue elegido como el mejor futbolista del torneo.
La familia Montero también dejó su huella. Julio Montero Castillo fue una de las figuras de la histórica selección que alcanzó las semifinales en México 1970. Su hijo Paolo representó a Uruguay en Corea-Japón 2002 y construyó una destacada carrera en el fútbol italiano.
Francia: de Djorkaeff a Thuram
Jean Djorkaeff disputó el Mundial de Inglaterra 1966. Su hijo Youri fue pieza fundamental de la Francia campeona del mundo en 1998 y también estuvo presente en Corea-Japón 2002.
La tradición continuó con otra familia ilustre. Lilian Thuram, campeón mundial en 1998 y finalista en Alemania 2006, jugó cuatro Copas del Mundo. Su hijo Marcus debutó en Qatar 2022 y será una de las referencias ofensivas francesas en el Mundial 2026.
Schmeichel, una herencia bajo los tres palos
Dinamarca también tiene su apellido emblemático.
Peter Schmeichel fue uno de los mejores arqueros de la década de 1990 y defendió a su selección en Francia 1998.
Veinte años más tarde, su hijo Kasper tomó el relevo y se convirtió en el guardián del arco danés en Rusia 2018 y Qatar 2022, consolidándose como uno de los líderes de su generación.

Haaland y Thorstvedt: la nueva sangre noruega
La clasificación de Noruega para el Mundial 2026 permitió sumar nuevos nombres a esta exclusiva lista.
Alf-Inge Haaland disputó el Mundial de Estados Unidos 1994. Más de tres décadas después, su hijo Erling llegará a la Copa del Mundo convertido en una de las mayores estrellas del planeta y en la principal esperanza de una selección que vuelve a la cita máxima tras una larga ausencia.
No será el único caso. Erik Thorstvedt fue el arquero titular de Noruega en 1994 y ahora su hijo Kristian forma parte del plantel que logró el regreso mundialista.

Los Simeone escriben una nueva página
Argentina también tendrá representación familiar.
Diego Simeone disputó los Mundiales de Estados Unidos 1994, Francia 1998 y Corea-Japón 2002 antes de transformarse en uno de los entrenadores más exitosos del fútbol europeo.
Ahora es el turno de Giuliano Simeone. El delantero se ganó un lugar en la nueva generación albiceleste y aparece como uno de los nombres con mayor proyección de cara a 2026.
Brasil y una historia que comenzó antes de Pelé
La tradición brasileña también tiene ejemplos de herencia mundialista.
Domingos da Guia, considerado uno de los mejores defensores de la historia sudamericana, fue una de las figuras de Brasil en Francia 1938.
Décadas más tarde, su hijo Ademir da Guia, ídolo eterno del Palmeiras, integró la selección brasileña que disputó el Mundial de Alemania 1974.
Tres generaciones unidas por el Mundial
La historia más llamativa tiene acento mexicano.
Tomás Balcázar jugó el Mundial de Suiza 1954 y anotó un gol con la camiseta de México. Su nieto, Javier «Chicharito» Hernández, se convirtió años después en el máximo goleador histórico de la selección mexicana y participó en Sudáfrica 2010, Brasil 2014 y Rusia 2018.
Pocas familias pueden presumir de una conexión tan profunda con la historia mundialista.

Mucho más que un apellido
Cada Mundial deja héroes, récords e historias inolvidables. Pero los casos de padres e hijos mundialistas ocupan un lugar especial porque conectan épocas distintas a través de un mismo sueño.
Desde los Maldini hasta los Haaland, pasando por los Forlán, Montero, Thuram, Schmeichel y Simeone, todos comparten algo que muy pocos pueden contar: representar a su país en el escenario más grande del fútbol siguiendo los pasos de su propia sangre.
Porque jugar un Mundial es extraordinario. Hacerlo llevando un apellido que ya estuvo allí es entrar en una categoría reservada para muy pocos.

