
El partido por el tercer puesto suele ser señalado como el que nadie quiere jugar. Francia e Inglaterra se encargaron de demostrar que, aun sin la Copa en juego, todavía quedaba espacio para regalar uno de los espectáculos más increíbles del Mundial.
Inglaterra derrotó 6 a 4 a Francia en el Hard Rock Stadium de Miami y se quedó con el tercer lugar después de un encuentro descontrolado, cambiante y cargado de goles. Lo tuvo prácticamente ganado en el primer tiempo, estuvo a punto de dejarlo escapar en el segundo y terminó asegurándolo cuando el partido ya transitaba por el terreno de la locura.
El equipo de Thomas Tuchel salió a jugar como si todavía tuviera algo importante que demostrar. Y lo hizo desde el comienzo. Apenas habían transcurrido dos minutos cuando Declan Rice recuperó la pelota en campo francés, avanzó sin oposición y sacó un derechazo desde afuera del área para abrir el marcador.
Francia quedó golpeada y nunca consiguió acomodarse durante la primera mitad. Inglaterra encontró espacios con una facilidad llamativa y volvió a castigar a los 18 minutos, cuando Ezri Konsa ganó de cabeza después de un tiro de esquina ejecutado por Rice.
El tercero nació de un contragolpe. Marcus Rashford corrió con campo libre, Mike Maignan evitó su gol, pero Bukayo Saka apareció para aprovechar el rebote. El propio delantero del Arsenal marcó nuevamente antes del descanso y puso un 4 a 0 que parecía haber terminado con cualquier discusión.
Francia había sido un equipo irreconocible. Mal parado, lento para retroceder y superado en cada transición inglesa. Pero regresó del vestuario decidido a evitar una despedida humillante.
Kylian Mbappé descontó a los 47 minutos luego de una buena asistencia de Michael Olise. Poco después, el recién ingresado Bradley Barcola convirtió el segundo tras recibir un pase del propio Mbappé.
Inglaterra, que durante el primer tiempo había parecido tener todo bajo control, comenzó a retroceder. Francia creció, empujó y transformó un partido liquidado en otro completamente diferente. A los 66 minutos, Mbappé volvió a aparecer para marcar el 4 a 3 y dejar a los franceses a solamente un gol de completar una remontada que parecía imposible.
El delantero francés volvió a demostrar que los mundiales parecen hechos para él. Con su doblete no solamente lideró la reacción de su selección, sino que también siguió aumentando una cifra goleadora extraordinaria en la competencia.
Cuando Francia estaba más cerca del empate, Inglaterra encontró el alivio. Saka cambió un penal por gol a los 85 minutos, completó su triplete y puso el 5 a 3.
Pero ni siquiera ahí terminó el partido. Ousmane Dembélé volvió a descontar en el tiempo agregado y, prácticamente en la jugada siguiente, Jude Bellingham, una de las grandes figuras del Mundial, protagonizó una gran acción individual para marcar el sexto inglés y cerrar definitivamente una tarde imposible de explicar desde la lógica.
Inglaterra terminó tercera y alcanzó su mejor ubicación mundialista desde el título conseguido en 1966. No borra la dolorosa eliminación ante Argentina ni responde todas las preguntas que dejó su actuación en semifinales, pero al menos le permitió despedirse con una victoria y una medalla.
Francia cerró el Mundial en el cuarto lugar y con una sensación extraña. Regaló un primer tiempo desastroso, reaccionó con fútbol y carácter, pero volvió a pagar demasiado caro sus errores defensivos.
Fue un partido difícil de analizar y sencillo de disfrutar. Tuvo diez goles, un 4 a 0 que no alcanzó para asegurar tranquilidad, una remontada que quedó a centímetros de completarse, un triplete de Saka y otra actuación histórica de Mbappé.
No hubo una Copa en juego. Tampoco hizo falta. Inglaterra y Francia convirtieron el encuentro que nadie quería disputar en uno de esos partidos que nadie quería que terminara.
